Horst Hoheisel:

Horst Hoheisel:

Por WKTK // 12 de julio de 2008

Salvar la vida de uno de los niños que mueren por desnutrición vale más que un monumento

El hombre es delgado y de unos sesenta años. La sencillez de su vestimenta parece prolongarse en la serenidad de su mirada. Alemán nacido en Polonia, es uno de los artistas conceptuales que más aportes ha realizado en la creación de espacios contemporáneos de memoria. Es martes de la última semana de marzo y está por llover en Rosario, Horst Hoheisel habla con Wokitoki minutos antes de dar una charla en la Facultad de Arquitectura de Rosario. Responde en español y con pausas, buscando las palabras con calma.

“Mis sueños están en mi estudio, cuando dibujo cada día.  Hago mis dibujos y en ellos aparecen mis sueños.  Son el contrapeso de mi obra conceptual  sobre memoria y contra monumentos.  Hay dos partes de mi arte  individual. Una es la que viene de mis sueños, de mi subconciencia, y la otra, la del espacio público, viene de las ideas. Aunque mi verdadero sueño es que alguna vez pueda unirlas.
 
En 1977, en Venezuela, cerca de la frontera con Brasil, viví un tiempo en una aldea Yanomani mientras realizaba tareas como científico forestal. Una experiencia muy profunda, que dejó huellas en mí. Fue muy importante vivir con ellos y ver como reunían vida y arte. Ese es el verdadero sueño. Todavía en los ‘70, todo lo que hacían los Yanomani, toda su producción era un equilibrio entre la naturaleza y sus vidas. La cultura Yanomani no hace arte, ni tienen kitsch, todo lo que hacen es una obra de arte total. No es arte, porque ellos no conocen la palabra ni la idea de arte; pero pintan cestos y tejen con formas verdaderamente artísticas. Sus obras no pueden ser catalogadas como artesanías.

Esto es una utopía, un sueño para nosotros que dividimos el trabajo según el concepto europeo.
 
El año pasado hice una muestra en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. Allí reuní mi experiencia forestal con mi arte. Analicé un parque de caobas que está frente al museo con el mismo sistema científico que usaba cuando era ingeniero forestal para estudiar la estructura de la selva. Analicé la estructura de los árboles del parque y dibujé con cinta aisladora el resultado del análisis científico en la ventana gigante para que se pudiera ver en la realidad, la naturaleza de los árboles del parque.
 
El resultado fue que la lucha por la luz en el estrato bajo es muy fuerte y hay muchos muertos. La lucha por la luz en el estrato medio es menor y en el  estrato superior,  ya es una victoria asegurada. Porque los árboles sólo crecen, se extienden a lo ancho, se ramifican  y oprimen a los demás. Y escribí estos resultados en los ventanales,  fue solamente un análisis de la sociedad  de los árboles del parque se podía ver en la ciudad de Caracas
En esta intervención logré combinar mis dos vidas, la de ingeniero forestal con la de artista, y convertí mis métodos científicos en artísticos.

Hölderlin es un apoyo, he hecho un monumento para él. Antes de volverse loco fue bibliotecario en el castillo de Homburg. Su amigo Sinclair estaba empleado ahí y lo recomendó para ese puesto.  Hölderlin escribió el poema Patmos sobre el Apocalipsis según San Juan  en 1802. El conde Federico de Homburg le sugirió que lo escribiera y Hölderlin se lo dedicó.

En la iglesia del castillo estaba  la tumba  de la familia y no había ninguna señal de que Hölderlin  había estado allí. Hice una puerta en el piso con la primer estrofa de este poema que comienza con una metáfora sobre la oscuridad. Abrí esta placa en los espacios intermedios y así se puede ver la escalera inferior y los escalones. A través de los versos, conde penetrando en la oscuridad con metáforas de la luz de la resurrección hacia la tumba de este conde.
 
Tengo un libro de Höderlin en mi mesa de trabajo, lo leo todos los días, hago mis dibujos,  leo una página y eso me conmueve, me ayuda en mi vida cotidiana.
 
La cuestión de la memoria surge en mi obra a partir de mi historia íntima.
Nací en 1944, en Poznan,  Polonia.  Nací durante la fuga de mi madre con mis hermanos del avance del frente ruso. Vivía con esta historia y nuestros padres se la callaron, había silencio sobre la guerra y el Holocausto.
Y en los sesentas, los estudiantes del ’68, empezaron a preguntar y a cuestionar a sus padres sobre qué habían hecho durante el dominio nazi. Así empezamos a reflexionar y discutir en mi familia sobre este pasado oscuro y en silencio de los alemanes.
 
La fuente Aschrott, este trabajo es uno de los 3 trabajos  que presentaré en la charla en el intento de ayudar a resolver el problema de la memoria en Argentina.
 
Vivo en Kassel. En la plaza frente a la alcaldía había una fuente con un obelisco de 12 metros, donada en 1908 por un empresario judío y los nazis la destruyeron en 1939. En 1977 se la intentó reconstruir.  Leí que la administración quería reconstruirla, hacer una replica o hacerle un monumento y recordar en él a los fundadores de la ciudad.  Le escribí al alcalde  que no se podía tratar el sitio de esa manera y propuse reconstruir el obelisco en forma negativa, en forma invertida. Al fin se hizo,  se hundió ese obelisco de 12 metros y hay un hueco y el agua cae en el hueco y los transeúntes  pueden escuchar el agua cayendo. El monumento sucede en la cabeza de la gente que reflexiona el por qué de esa fuente invertida, esa ausencia. La presencia de la ausencia en ese monumento.
 
Si se reconstruía esta fuente se perdía la historia de las victimas. No se puede reconstruir las vidas de las víctimas nazis, por eso no se puede reconstruir la arquitectura como si nada hubiese pasado.
 
Mucha gente se oponía,   había un movimiento de personajes contra este monumento.  Ellos no querían  una obra que recordara a las víctimas del genocidio nazi en la plaza central.  En  Alemania los primeros monumentos se construyeron en los cementerios, porque son espacios para conmemorar víctimas sin consecuencias políticas. Después se construyeron memoriales en los suburbios
y,  con el tiempo, en los ‘60. ‘70,  poco  a poco se hicieron monumentos  contra los crímenes nazis en los centros de las ciudades y han llegado hasta Berlín  al lado de la puerta de Brandeburgo. En  Kassel sucedió lo mismo.
 
“No tenemos espacio, esto pertenece a un parque” decían los opositores. Fui a los archivos municipales donde estaban los nombres, las direcciones y los retratos de los asesinados. Y les respondí: “Cuando uno de ustedes pueda devolverle la vida a una de estas víctimas, yo seré el primero que construiré esta fuente de forma positiva.”
 
Creo que por la negativa, por una ausencia,  la gente piensa más: y cuando la gente como en Kassel se enoja  o discute  por un monumento, entonces el monumento funciona más que cuando lo aceptan como arte buena.
 
Había mucha gente en contra y tenía que defender mi idea. En el archivo de la ciudad encontré todas las  tarjetas de identificación de los judíos de Kassel.  Éstos fueron deportados por la estación de Kassel a Riga. Y mis padres son oriundos de Riga, son alemanes bálticos de Riga,
 
Y en ese momento,  esta historia, se puso muy personal y entonces hice una colección de piedras para cada judío deportado y asesinado en Kassel por los nazis. Una intervención interesante, la colección de las Piedras Pensantes, donde participaron más de mil personas, todos los ciudadanos podían participar y donar una piedra pequeña con un mensaje para una de las víctimas de su calle o de su escuela.  Fue muy importante, había siempre una relación individual entre el donador y la victima.
 
Durante más de un  año colectamos estas piedras que están ahora en la estación de trenes, en el andén donde partieron los trenes  La gente sigue poniendo más piedras, es un monumento colectivo.

Hay muchas historias pequeñas. Un profesor estaba frente a la colección de piedras y se dio cuenta que había un nombre que había visto unas semanas antes. Recordó que su abuela había muerto y había sacado los muebles del apartamento.  Su abuela tenía las sábanas bordadas con ese nombre. Fue a esa dirección, la familia había sido asesinada y  eran vecinos de sus abuelos y le habían robado la ropa de cama. Él dijo que iba a buscar esa familia para devolverle esa ropa robada por sus parientes.
 
Otra historia. Una mujer trabajó en Israel en un asilo para ancianos, allí le contó a una anciana,  que ella en Kassel había dedicado una piedra a determinada persona.
Esa anciana empezó a llorar, la piedra había sido dedicada a su madre. Se dio un proceso memoria al alcance de todas estas historias individuales.

Normalmente los monumentos, tanto en Alemania  como aquí,  son de bronce o de mármol, grandes y están dedicados a todas las victimas de la violencia.

No dicen nada, porque un nazi como el presidente de la corte  fue una víctima de la guerra, murió durante un bombardeo y así, todos son víctimas. Así los neonazis iban a homenajear a uno de sus próceres. En el mismo sitio a donde se recordaba a las víctimas del Holocausto.
 
Por eso creo que son importantes los contramonumentos que intento iniciar,  hay muchos monumentos grandes con una inscripción y muchas  pequeñas historias individuales calladas.

Trabajo siempre con el espacio y la situación, pero siempre prestando mucha atención en los sentidos. Por ejemplo, la placa en Buchenwald.   Los prisioneros sufrieron mucho el frío, el campo de concentración estaba ubicado en un sitio de bajas temperaturas, con mucho viento. El invierno alemán es muy riguroso y los prisioneros tuvieron que soportarlo en pésimas condiciones, los sobrevivientes todavía sienten el frío en sus cuerpos.  Junto con Andreas  Knitz, un amigo, hicimos una señal de memoria, marcamos el sitio donde habían construido el primer obelisco hecho por los sobrevivientes algunos días después de la liberación.  Solamente marcamos la base de ese obelisco con una placa de hierro con una inscripción que nombraba las naciones de las víctimas.

Pero esta placa está calentada a la temperatura humana, 37 grados. Por eso la gente se arrodilla y toca el hierro y en medio del frío, sienten el calor humano. Es un calor físico, pero ellos tienen que transformar este calor en un calor humano.

Esta obra tiene otra parte conceptual. Insistí en que la municipalidad de Weimar  se hiciera cargo del costo de la energía gastada, ya que durante el tiempo nazi administró Buchenwald. El campo de Buchenwald no pertenecía a la pequeña aldea situada al borde del campo sino a Weimar. No fue fácil, tardé dos años pero lo logré. La administración me dijo que podía sacar “en negro” la electricidad, pero no podían pagarlo en blanco por problemas burocráticos. Weimar administró el trabajo esclavo  y la vida de más de 100 mil prisioneros. Ahora se hace cargo de 3 mil euros anuales,  el costo de la energía eléctrica para calentar todo el año, día y noche esta placa.

En Argentina tengo muchas ideas, pero siempre digo como esta caja en el Museo de la Memoria  de Rosario, donde mi objeto es una caja vacía y he escrito allí:

“Esta historia no es la mía.”
 
Sólo puedo funcionar aquí como  un catalizador. Por ejemplo,   iniciamos esta idea de que la gente puede traer un objeto de su ambiente personal, algo  que tenga alguna relación con el tiempo de la dictadura. Es interesante ver cómo se desarrolla esto,  aprendo mucho.  Pero el trabajo de memoria es de ustedes
 
El parque de la Memoria junto al río en Buenos Aires, según mi punto de vista no funciona. Hay monumentos, hay copias de todos los monumentos que hay en el mundo, hay mucha mezcla allí.  Está cercado, hay reflectores muy fuertes  durante la noche. Saqué fotos de este parque  de la memoria y se las mandé a mi familia en Alemania.  Mi mujer y mis hijos me preguntaban: “¿Por qué has fotografiado esta cárcel?”

Silencio. Cuando le preguntamos por la memoria del presente, Horst se queda en silencio. Insistimos aclarándole que nos esforzamos en recordar crímenes del pasado, mientras el crimen continúa. Hay desaparecidos y hay chicos que se mueren de desnutrición en un país exportador de granos.
 
Silencio. Horst nos mira con su mirada de hombre bueno y después habla.

“Este problema no existe sólo en Argentina sino que es global, tenemos la misma situación en Alemania. Inventamos nuevas formas de monumentos y al mismo tiempo está actuando el movimiento neonazi.

Mientras estaba haciendo este trabajo  de memoria intelectual, los neonazis amenazaron a mi familia, mi hija no podía moverse con ninguna libertad. Tuvimos protección policial,  fue una situación  muy pesada.

Empecé a reflexionar sobre eso, nosotros conmemorando el pasado mientras vivimos un tiempo con un nuevo peligro. Tenemos que actuar de forma completamente diferente. Y quizás sea el mismo caso de aquí.

Creo que salvar la vida de uno sólo de estos niños que mueren de desnutrición vale más que un monumento, una sola de esas vidas vale más que cualquiera de los monumentos del Parque de Memoria junto al río de La Plata.


Más información sobre Horst Hoheisel : www.horsthoheisel.net

Etiquetas: Antimonumentalismo

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