
El arte no es el descenso sublime del infinito en la abyección finita del cuerpo y la sexualidad.
(*)Alain Badiou es un filósofo-militante. Comunista sin partido, fuertemente atravesado por el pensamiento de Althusser y de Lacan, probablemente sea uno de los últimos exponentes franceses vivos de lo que se llamó el "pensamiento del ´68".
Entre sus obras más importantes se encuentran Theorie du Sujet (1982), ¿Se puede pensar la política? (1986), El ser y el acontecimiento (1988) y Logiques des mondes (2006, de próxima aparición en castellano).
El presente texto recoge la intervención que Alain Badiou realizó en el Drawing Center de Nueva York en el 2003. Una versión más extensa había sido pronunciada en el 2001 en Venecia en el marco del coloquio "La cuestión del arte en el tercer mileno", organizado por el GERMS, y una variante aún más extensa fue publicada en las actas del coloquio en cuestión, tituladas "Utopía 3". Finalmente, una tercer versión expandida puede encontrarse en castellano en el libro "Filosofía del presente" (Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2005).
Para más información se puede consultar:
http://es.wikipedia.org/wiki/Alain_Badiou
(¨*) Introducción por Franco Ingrassia
1. El arte no es el descenso sublime del infinito en la abyección finita del cuerpo y la sexualidad. Es la producción de una serie subjetiva infinita con los medios finitos de una sustracción material.
2. El arte no puede ser meramente la expresión de una particularidad (sea étnica o personal). El arte es la producción impersonal de una verdad que se dirige a todos y cada uno.
3. El arte es el proceso de una verdad, y esta verdad es siempre la verdad de lo sensible o sensual, de lo sensible como sensible. Esto significa: la transformación de lo sensible en un acontecimiento de la Idea.
4. Hay necesariamente una pluralidad de artes, y aunque podamos imaginar las maneras por las cuales las artes pueden intersectarse, no hay manera de imaginar la totalización de esa pluralidad.
5. Cada arte se desarrolla a partir de una forma impura, y la progresiva purificación de esa impureza constituye la historia a la vez de una verdad artística particular y de su agotamiento.
6. El tema (sujeto) de una verdad artística es el conjunto de trabajos que lo componen.
7. Esta composición es una configuración infinita, que, en nuestro propio contexto artístico contemporáneo, constituye una totalidad genérica.
8. Lo real del arte es la impureza ideal concebida a través del proceso inmanente de su purificación. En otras palabras, la materia prima del arte está determinada por el inicio contingente de una forma. El arte es la formalización secundaria del advenimiento de una forma hasta entonces in-forme.
9. La única máxima del arte contemporáneo es no ser imperial. Esto también significa: no tiene que ser democrático, si la democracia implica conformidad con la idea imperial de la libertad política.
10. El arte no-imperial es necesariamente arte abstracto, en este sentido: se abstrae de toda particularidad, y formaliza el gesto de la abstracción.
11. La abstracción del arte no-imperial no se refiere a algún público o audiencia en particular. El arte no-imperial se relaciona con una clase de ética aristocrático-proletaria: solo, hace lo que dice, sin distinguir entre clases de persona.
12. El arte no-imperial debe ser tan riguroso como una demostración matemática, tan sorpresivo como una emboscada en la noche, y tan elevado como una estrella.
13. Hoy el arte sólo puede hacerse a partir de eso que, en lo que al Imperio se refiere, no existe. Con su abstracción, el arte vuelve visible esa inexistencia. Esto es lo que gobierna el principio formal de cada arte: el esfuerzo por volver visible para todos y cada uno lo que para el Imperio (y por extensión, para todos y cada uno, aunque desde un punto de vista diferente), no existe.
14. Puesto que confía en su capacidad para controlar el dominio entero de lo visible y de lo audible a través de las leyes que gobiernan la circulación comercial y la comunicación democrática, el Imperio ya no censura nada. Todo arte, y todo pensamiento, se arruina si aceptamos el permiso de consumir, de comunicarnos y de gozar. Debemos transformarnos en impiadosos censores de nosotros mismos.
15. Es mejor no hacer nada que contribuir a la invención de vías formales para volver visible lo que el Imperio reconoce ya como existente.