Tawa

Por Laura Repetti // 18 de julio de 2010

Conocer “las más finas telas hechas a mano en cualquier parte del mundo”, me refiero a los textiles prehispánicos, despertó y anidó algo en mí. Mi dedicación posterior como docente textil, el deseo de ampliar mis conocimientos estéticos en la carrera de Bellas Artes y numerosas lecturas, (desde la literatura, la historia, la antropología, la filosofía hasta el lenguaje de aquel tiempo y espacio), enriquecieron mi trabajo para que en los talleres, además de conocer las técnicas también se pudiera aprender sobre los contextos: mítico, político, sagrado y social


Recordemos que  texto/ contexto/ textura, tienen la misma resonancia semántica, la misma raíz: texs: “tejer”

El “acto de tejer” implica una percepción de significado, de sentido, decodificar un sistema de principios abstractos. Es una información muy sutil.

Cuando al tejer, tengo en mis manos hebras que bajan, suben, se intercambian, en números que se repiten, se duplican o se multiplican, comienzo a percibir un ritmo, un latido... Ese momento es para mi, revelador de dos expresiones; la interior, estructural y la exterior,  iconográfica. Ambas, diciéndome lo mismo. ¿Y cuáles son los números que más se repiten? El 4, el 2, el 8, especialmente en los símbolos más tradicionales.

Números que también se hallan en las búsquedas de ciertas armonías universales: Heráclito y los cuatro elementos, Mondrian desde la teosofía, en su suprematismo, la medicina con los núcleos esenciales del ADN, por ejemplo.

Desde ese nuevo lugar, empiezo a “atar y desatar nudos”.  Ese espacio delimitado por los 4 palos del telar, 2 y 2, permite un encadenamiento de percepciones, donde “lo real se desvela”, “donde aparecen reflejos de alguna otra realidad”

Veamos algunas otras realidades:

TAWA significa cuatro, uno de los números portadores de sabiduría en tierras americanas.

El cuatro tiene la imagen geométrica de cuarto lados: cuadrado, rombo.

Según nos dicen los arcanos, representa la construcción, la solidez, lo fundacional. Para vivir en el mundo hay que fundarlo, hay que encontrar un espacio que fue “sagrado” para los pueblos originarios, que permita orientarnos en el cosmos.

Mircea Eliade señala esto como la repetición de un modelo: así como el Ser Superior ha creado el universo, el hombre hace la consagración de un lugar elegido y encontrará allí una modalidad de estar en el mundo.

Al hablar de lo fundacional, también se evoca al portal, umbral, para mi, el telar.

En el escenario ritual de la región chaqueña de los wichi o matacos, en el mito de la creación, está presente una división cuatripartita de la que se originaron  4 parejas diferentes que salieron de la cueva del escarabajo (A. Serrano)

O que en el nacimiento de los niños, el cordón umbilical es secado y puesto en un saquito de cuero en forma de rombo que el niño llevaba colgado de su cuello (A. Metraux)

Los mapuches también se rigen por la cuatripartición, representada, entre otras, en el kultrún, tambor chamánico.

Los guaycurúes: tobas y pilagá conocían numerales hasta el 4.

Chiriguanos y guaraníes, según nos dice F. Outes, solo conocían 4 números.

En el Popol Vuh, libro sagrado de los quichés de Guatemala encontramos que “...habiéndose hechado las líneas y paralelas del cielo y la tierra se dio fin perfecto...Todo puesto en orden, quedó cuadrado y repartido en cuatro partes como si con una cuerda se hubiera todo medido, formado 4 esquinas y 4 lados”.

Louis Girault dice acerca de los ritos andinos: “escogió en el montón de coca, cuatro hojas bastante grandes, de dimensiones iguales y absolutamente perfectas desde el punto de vista de su forma y color. Con su lado oscuro visible, las dispuso en cruz en el centro del tari o inkuña (paño ritual)”.

En la comunidad de Chipaya, Bolivia, el “médico” curandero o shamán, comienza por doblar un “irs” negro (manta de hombre) en 4, esta superficie cuadrada servirá al mismo tiempo como “mesa”: lugar de ofrenda y como representante de la enfermedad, encarnado en lo oscuro (V. Cereceda)

Cuentan que 4  urus “hombres de agua” fueron secuestrados por los aymaras para que sirvieran de sacrificio cimiento en las 4 esquinas de la Iglesia de Machaca, construida así con cuatro urus humanos. (Rev. Andina 7/92)

En un mundo mucho más cercano, en los cuadros que pertenecen a la pintura cuzqueña, en la Iglesia de Humahuaca, Jujuy, el cuadro de Moisés es el único que mira directamente al espectador con las tablas de la ley, en las que curiosamente se ve representado el número cuatro romano, de una forma original: IIII.  (Vírgenes y Profetas de Humahuaca).

“Ollantay” es el más viejo mito andino de liberación americana” Ricardo Rojas nos recuerda que esta tragedia de la mitología andina y también misterio universal, no tiene los 3 actos del drama español, ni los 5 de la tragedia francesa, sino que consta de 4 actos:

· jornada del destino     · jornada del amor      · jornada de la guerra      · jornada de la muerte

Los escenarios del mito de la ley y la pasión, son también 4:

Cusco

Acllahuasi (casa de las escogidas, de las vírgenes)

Ollantaytambo

Coricancha (Templo del Sol)      

“...Las acllas, que son de quatro maneras, yurac aclla, uayru aclla, paco aclla, yana aclla, a estas, dicen, las señalaron a cada de las quatro casas, al uno primero para el Hacedor... a las uayru acllas (las destinaron los Inka) para sus doncellas, a las paco acllas para mujeres de los señores principales y a las yana acllas para indios comunes”

(Santa Cruz  Pachacuti)

Los incas recogen una tradición de 4 mil años de cultura andina.

A los civilizadores míticos de la región del Cusco y fundadores de un nuevo orden cultural se les ha dado el nombre de AYAR, nombre que los relaciona con el pasado, con especies vegetales silvestres, épocas en las que no se sembraba, y un segundo nombre, como idea de complementariedad, que denota el presente.

Son 4 parejas de hermanos:

Ayar Manco – Mama Ocllo  la primer pareja generadora. Se dice que cuando los hermanos Ayar, en su peregrinaje entre la oscura cueva y el Valle del Cuzco, alcanzan el cerro más alto, se levanta un arco del cielo “muy hermoso, de todos colores” y sobre ese arco, otro, de modo que Apo Manco Capac queda justo en el medio, como el elegido. (Santa Cruz Pachacuti)

Ayar Auca – Mama Huaco  “auca” como oposición, dos caras que no pueden juntarse

                                                           como día y noche, como vida y muerte.

Ayar Uchi – Mama Rawa     “uchi”: ají       (cultivos esenciales

Ayar Cach – Mama Cora     “cach”: sal          del presente)

 

Arco iris como w’aka. Otro arco iris envuelve la muerte de Atawallpa, en el final del Imperio inca, mostrado en una pintura colonial del Museo del Cusco, la decapitación del último Inka, como final del mito. Presente y pasado, sistema dual, también como principio estructurador del cosmos, en la cultura de los Andes.

Llegan hasta nosotros estas lógicas dualistas y cuatripartitas de la organización social andina a través de la representación de lo que fue el Imperio Incaico llamado Tawantinsuyu “tawa” es cuatro y “suyu” son los horizontes, los rumbos a partir de un centro: el Cusco que significa “ombligo”.

Cada suyu correspondería a un cuadrante cósmico, iluminados, por el Inti (Sol) o constelaciones como las Pléyades, estos cuadrantes son: Anti – Chinchay – Conti – Colla  y  4 caminos saldrían del Cusco hacia los adoratorios.


Es el “centro” el que conecta precisamente los 2 niveles: el arriba y el abajo, el hanan y el hurin, uma y urco, tierras altas y la costa.

Desde muchas fuentes nos llega la información de una “dirección privilegiada”, que es exactamente la dirección que recorre el sol en el día más corto del año, para nuestro hemisferio, el solsticio de invierno, festividad del Inti Raymi. Una perpendicular a esta línea termina dividiendo el espacio en cuadrantes, en suyus, y 4 señores supremos, en cada uno, con un tipo de organización llamada “huamani”, que según Valcárcel, significa “trama dialogante”

De las prácticas y vivencias del espacio sagrado, nos interesa esa “trama dialogante”


Es el contexto  lo que valoriza las significaciones, los comportamientos existenciales.

Es evocando lo sagrado, que el hilado y el tejido se convierten en sagrados

 

...“las vírgenes moran ya en el Palacio de los cielos y el Sol las tiene en sus alcobas de oro. Apenas el Amado se despierta, hilan la luz en el vellón del día, tejiendo un leve poncho de colores para los hombros del señor de mundo”...

 

¿Cuáles serán las homologaciones que implican estos simbolismos?

¿Cuáles serán las convenciones sobre los significados de estas culturas?

¿Cuál será el canon místico?

 

Veamos algunas objetivaciones de la concepción dual y cuatripartita.

La lliclla, manto femenino es una pieza diseñada en 2 partes, dos mitades unidas que sugiere como simétricas e iguales una relación que en realidad no es. Tiene 4 orillos (esto quiere decir que no hay corte de los hilos, no tiene flecos), y es doble faz (2).

El unku, túnica masculina, para algunos autores es una pieza doblada al medio y para otros son 2 piezas, también de 4 orillos y doble faz (2)

Ambas piezas constan de 2 partes: pampa y pallay

Pampa: en un sentido denotativo, tanto en quechua como en aymará, señala un espacio llano, liso, en un sentido más simbólico, aquello no condicionado por la sociedad. Es una palabra que se aplica a muchos dominios de la experiencia, no solamente al tejido.

Pallay: marca la etnia, la identidad social y cultural, aquí aparece la iconografía y para esto hay que elegir los hilos que van a dibujar y dejar caer sus complementarios, es esta misma palabra la que se usa para expresar el movimiento de las manos al trabajar la tierra para sembrar. Hay que recordar que las palabras quechuas y aymaras son polisémicas, tienen muchos niveles de referencia, nunca es uno solo.

Se puede hilar hacia la derecha y hacia la izquierda con 2 sentidos simbólicos marcadamente diferentes. Nunca usan una hebra sola, todas las cosas deben tener su par 2 para ser completas, un mundo en equilibrio, pensamiento andino de complementariedad.

El urdido era un proceso que se hacía entre 2 mujeres, la maestra tejedora y su aprendiz    

Para que exista un tejido hecho en telar, tienen que existir 2 elementos: urdimbre y trama, entre urdir y tramar hay un juego de direcciones espaciales, la urdimbre es vertical pero se construye en sentido horizontal, los “lizos” (sistema de selección de hilos de la urdimbre para tramar) se ponen en sentido horizontal y se mueven verticalmente, el tramado se pasa horizontalmente pero se avanza verticalmente.

 

La unidad mínima del tejido es la idea matemática del “docito”, el par mismo, 2 ó 4 hilos, un par visible y el otro invisible. (Ulloa)

No se dice “un hilo” sino “un hilo sin su par”

Los colores se usan en distintas composiciones, pueden cambiar sus tonos pero no su cantidad.

Para tejer se van poniendo pares en un proceso de simetría, hay que dividir el espacio plano en 2, derecha e izquierda, también el espacio volumétrico, en adelante y atrás, y el pensamiento en movimiento, creando la unidad.

Trabajando como seres de cuatro dimensiones, en geometrías no euclidianas, geometrías que no tienen una representación visual.

Según el vocabulario Aymara de Ludovico Bertonio, (1612), la palabra universo se traduce como “tetraespacio”  “usi suyo”  “cuatro espacio”. Guzmán de Rojas, ingeniero informático, dice que los aymaras ya conocían la “Ley de la relatividad” que habla de las cuatro dimensiones del espacio.


“Los pueblos de Tarabuco y Jalq’a, muy cercanos entre sí, parecen construir sus diferencias a través de un sistema de oposiciones:

Los Tarabuco crean una representación del mundo ordenado, simétrico y luminoso. El diseño se abre a un espacio solar de naturaleza organizada, habitado por animales y personas conocidas, lleno de objetos culturales.

Los Jalq’a crean un universo continuo, sin ejes, caótico, de difícil percepción, poblado de demonios desconocidos. El diseño se abre a lugares apartados o semisubterráneos, a momentos de neblina o anocheceres donde decae la luz, desde la confusión de los sentidos se permite la emergencia de lo extraordinario. Lo expresado aquí no es la sociedad humana y cotidiana, sino un tiempo y espacio mítico, que da origen tanto a la belleza como a la vida”  (V. Cereceda)

 

Otras objetivaciones duales iconográficas son:

las parejas, por ej., de figuras aladas que alternan vuelos hacia arriba y hacia abajo, ida y vuelta, que miran en dirección opuesta;

el águila o serpiente bicéfalas;

k’eswa, qenko (zigzag), kutij (ganchos, forma de ese, usado por los médicos Callahuayas)

Módulos y unidades de sentido cuatripartitas:

Loraypu o rombo, como casa, laguna, montaña, representaciones en distintas dimensiones, donde no hay deseos de una copia de la realidad.

Chacana, cruz escalonada o cruz andina, junto con el rombo, son los símbolos andinos de mayor importancia. En reconstrucciones iconográficas vemos figuras de 4 colores, 2 y 2, en “Un traje ceremonial Chimú” encontramos módulos que se repiten 8 veces: 4 verticales y 4 horizontales, la cruz escalonada flanqueada con 4 personajes y cuatro superficies más chicas en cada esquina.

Gorros de cuatro puntas como signo de jerarquía social.

Módulos, unidades que suponen la reconstrucción de sistemas mentales, nosotros usamos unidades de 10, por ejemplo, pero de nada valdría aplicarla a otros códigos, no nos diría nada. Caracteres indisolubles de un todo significativo.

Es la cultura la que predetermina lo que somos capaces de percibir. El mundo social nos define la percepción en proporción a su utilidad en la vida.

En la lenta desacralización del mundo, las prácticas estéticas textiles pueden ser  re- fundacionales de la otrora “experiencia sagrada” que iluminan otros espacios posibles de ser creados.

Etiquetas: Arte Americano

Comentarios

javier escribió el 07-jul-2010 a las 19:07
muy buena la pagina. ademas a mi me dicen "tawa"

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