Desde diversos espacios se afirma que el stencil ha muerto. Bajo la aparente univocidad de aquel enunciado se encuentran diversos "muertos" con diversas "causas de muerte". En los hechos, notamos una yuxtaposición de "muertos" y "motivos de muerte", pero aquí intentaremos comenzar a separarlos y religarlos a los fines de poder avanzar en su análisis.
II
¿Muertes o idas? Algo ha muerto, se afirma desde diferentes espacios. Lo que no genera tanto consenso es qué ha muerto y, menos aún, cuál es la causa de muerte. A posteriori, muchos de los "funebreros" dirán que se trató de una "crónica de una muerte anunciada", sin embargo, perdura el disenso en torno al momento preciso de la muerte. Diferentes diagnósticos señalarán diferentes causas letales haciendo hincapié en mayor o menor medida en la (im)posibilidad de ser detenidas y contrarrestadas.
III
Sucesores. Otro motivo de disenso es el "sucesor o asesino" de los stencils. Cómo siempre aquí aparecerán los que planteen diagnósticos más o menos entusiastas al respecto: ¿fue superado? ¿O acaso recuperado? ¿Qué lo reemplaza o qué lo eliminó? Muchas veces esta pregunta pasa a mutar del siguiente modo: pasamos del qué al quién, imposibilitados de suspender la "personalización" de los ¿"procesos sociales”? Asimismo cabe aclarar que los mecanismos discursivos de la declaración de muerte van variando en los diferentes diagnósticos: ¿causas externas o internas?
IV
¿Quién dijo muerte? Al mismo tiempo ¿cómo argumentar esa muerte? ¿Hago hablar a los que murieron? ¿O acaso dictamino aquella muerte sin la participación de aquellos que morirán? Nuevamente ¿recurro al punto de vista de los actores (muertos en este caso)? ¿O explico la muerte como un proceso (de muerte) sin sujeto (muerto)?
Veamos uno de los enunciados en torno a los cuales se originan estas reflexiones:
EL STENCIL
YA FUE
Dos de sus iniciadores,
muestran la próxima estación:
las intervenciones publicitarias.
Primer alivio: el stencil no murió. Simplemente, ya fue. En este caso, las cosas no mueren, sólo van, o fueron o ya no son. Pero aquí no hay muerte ni mucho menos duelo. Desde ya, no se trata aquí (en el enunciado elegido) de explicar qué ha muerto (los stencils) ya que nada ha muerto. Menos aún, de transitar la muerte.
V
Nada ha muerto Asimismo, no es necesario el duelo, nada murió, sino que "fue" y ya tenemos próxima estación. No sabemos si estaba preestablecida o no. Preferimos pensar que no. No sólo conocemos al sucesor, también son unos de los máximos representante de eso que "ya fue" quienes nos señalan al mismo. Ni muerte, ni duelo, ni vacío: aquí abunda la despolitización de aquello que nunca fue político. De todos modos, eso era el enunciado que aparecía en el índice de la revista analizada. Pasemos ahora a la propia nota "indicada en el índice ya indicado". Simplemente tomaremos el título de la propia nota:
EL POS STENCIL
Nuevamente, que no cunda el pánico. Acá, sí pasó algo, ya hay sucesor: el pos stencil. Quizás el problema del "pos" sea que lo "pre" a lo "pos" estaría llamado a desaparecer cuando en estos casos lo que suele observarse son yuxtaposiciones temporales y lentos procesos de cambio o, por decirlo de otro modo, muertos que no terminan de morir. Asimismo lo “pos” suele simplificar las complejidades de lo “pre”. Aquí la lentitud se retira, también las hibridaciones. Uno tras otro, no debemos alarmarnos. El vacío está lleno, nunca existió. La continuidad nos tranquiliza. Qué tranquilidad. Sólo nos resta aguardar, mansamente y sin sobresaltos, "el pos pos stencil".
VI
PD: para ver un análisis de estos procesos, pero desde una perspectiva "más sociológica" ver: Arte y ciudad: los stencils en Buenos Aires.
Allí intentamos analizar otros tipos de sentencias de muerte: centralmente aquella perpetrada por el mercado, a través del homicidio generado por la "recuperación publicitaria" del stencil que no era previamente publicitario y aquella otra perpetrada por el otro mercado, el mercado del arte, que a través de sus instituciones (museos, centros culturales) institucionaliza o museifica aquello que no estaba previamente institucionalizado o museificado. En estos casos la muerte era lamentada aunque previsible y no ocultaba sus matices "nostálgicos" por aquello que fue muerto y ya no era.
Cabe aclarar aquí que en aquella oportunidad nuestro tono de análisis fue diferente y menos teñido de tragicidad que el que aquí presentamos. La perspectiva adoptada en aquella oportunidad nos libera de pensar la "muerte".