Arte latinoamericano inmediato: Ana Laura Lopez de la Torre (Uruguay)

Arte latinoamericano inmediato: Ana Laura Lopez de la Torre (Uruguay)

Por WKTK // 31 de julio de 2012

 Cada artista y trabajador cultural tiene la responsabilidad de entender y pensar críticamente en como su práctica se inserta, contribuye o mina una o otra de estas corrientes de la globalización. Creo que dentro del mundo del arte, la posición dominante parece ser la de una homogeneidad disfrazada con la tematización de identidades regionales / nacionales / locales, y - si no desentona mucho -  con algún aderezo de radicalidad consensuada

WKTK 2012: Entrevista al arte latinoamericano inmediato
 
¿Cómo definiría hoy a América Latina?

Una adolescente con mucho potencial pero con un papá muy machista.
 
¿Cómo pensar nuestras prácticas artísticas en un contexto globalizado que intenta aplanar las identidades?

La globalización tiene varias formas de manifestarse, una ciertamente enfila hacia la homogeneidad cultural (lumpen o pseudo-chic-cosmopolita, da igual), otra comercializa la diferencia y la diversidad como oferta de consumo personalizado, aún otra conecta internacionalmente resistencias locales en torno a intereses y agendas comunes y planetarias. Cada artista y trabajador cultural tiene la responsabilidad de entender y pensar críticamente en como su práctica se inserta, contribuye o mina una o otra de estas corrientes de la globalización. Creo que dentro del mundo del arte, la posición dominante parece ser la de una homogeneidad disfrazada con la tematización de identidades regionales / nacionales / locales, y - si no desentona mucho -  con algún aderezo de radicalidad consensuada. De ejemplo sirve cualquier retrospectiva grupal, bienal o feria de arte en la que se repiten los mismos salpicones de artistas de distintas nacionalidades (y trans-nacionalidades), todos manejando paradigmas conceptuales, estéticos y comunicativos bastantes similares. La “diversidad” se limita al listado de orígenes geográficos y el toque de “color local” que se cuela en la temática y en las representaciones sobre la realidad de aquellos “otros” que el artista de turno elige para identificarse con, documentar, intervenir, y hasta incluso involucrar a través de procesos participativos.

A veces pienso que los que nos interesamos por otras formas de hacer arte podríamos ser quizás mas valientes en confrontar estas posturas conservadoras dentro del mundo del arte. Gustav Metzger, con aquella polémica proclama “Artistas contra artistas”, empezó ya hace mucho tiempo a hablar de la necesidad de cuestionar vigorosamente el dominio del mercado y de ciertos intereses de clase sobre el encaminamiento de las prácticas artísticas actuales, y a negarse muy visiblemente a participar, poniendo en evidencia a los “colaboradores”. Por otro lado, hay también otra forma de actuar que es más positiva y se concentra en dedicarse de pleno a construir y a vivir la realidad que uno necesita, y así ir abriendo espacios, copando territorios.

Muchas veces, frente a fenómenos que nos desagradan, ponemos gran esfuerzo intelectual y material en realizar críticas muy detalladas y profundas, que luego son dadas vueltas y re-apropiadas de la forma mas insidiosa por nuestros “enemigos epistemológicos”. En ese juego, las propuestas que acompañan a las críticas son fácilmente ignoradas. Así que quizás sea más productivo dedicarnos a trabajar exclusivamente en nuestras propuestas. Después del trabajo teórico fenomenal que se hizo desde el anti-colonialismo y el feminismo, todo el mundo tiene herramientas más que suficientes para hacerse auto-críticas. Si esas propuestas no han sido recogidas con sinceridad, seguir trabajando haciéndole terapia gratis al poder, yo paso. Me parece mucho mas gratificante trabajar con gente con la que tengo afinidades en proyectos que sean afirmativos de mis valores, y no en consumirme peleando en contra de lo que no me gusta.

 

Estudio (Montevideo -2012)

¿Cuáles son las obras, artistas o colectivos de artistas que más se destacaron en la primera década del siglo XXI  a) en   su país  b) en la región latinoamericana?

Hace tan solo unos pocos meses que regresé a radicarme en Uruguay, después de 22 años viviendo en Europa. Desde el extranjero, los artistas uruguayos de los que he ido teniendo conocimiento son aquellos que alcanzan los circuitos internacionales por cuestiones bastante biográficas (estudios en el extranjero, dominio del inglés, posibilidades de viajar y de acceder a becas / residencias, apadrinamiento de galerías o de algún artista / curador veterano y bien conectado). Empezando a conocer la escena local, creo que las cosas más interesantes realmente están pasando muy por debajo del radar del arte contemporáneo internacional, en iniciativas colectivas pero también individuales de trabajadores culturales y educadores que están activos en contextos sociales muy localizados. En Uruguay están pasando cosas interesantes a nivel de políticas culturales y educativas. Hay un intento institucional de crear infraestructuras que faciliten la democracia cultural, quizás no siempre del todo atinadas en su gestión, pero importantes en abrir espacios mas plurales para la producción artística, y conectados con la realidad de sectores más amplios de la población.
 

Swiss Wheelbarrow Day. Acción de calle parte del proyecto The Ambassadors (2011-12)


¿Cómo se da en nuestra expresión el conflicto concepto vs. imagen?

No se si estoy en lo correcto, pero parece haber una especia de “puja” por establecer un paradigma dominante de lo que se va a entender como lo más significativo del arte contemporáneo en nuestra región. Por un lado están los defensores del conceptualismo de corte comprometido, por otro los que defienden la capacidad al parecer innata de los artistas Latino Americanos de trabajar el color, los materiales de una forma muy “sensual” (que los europeos al parecer no tienen). Hay ahí dos clichés, de un lado tenemos a los hinchas de Tucumán Arde, del otro a los fan de Ernesto Neto.

Para mi ese conflicto en realidad no existe, quizás lo que se esté manejando es una vinculación bastante selectiva de “imagen” con “objeto”. Mi propia práctica es fuertemente conceptual y procesal; sin embargo, no considero que se desvincule de una consideración sobre la imagen. No obstante la forma en que dentro de mi práctica las imágenes se conciben, se producen y se distribuyen, ciertamente no facilita su circulación como objetos de consumo o comercio. Esto es para mí una cuestión política y una elección deliberada. La mayor parte de los artistas pasamos muchos años formándonos en entornos que no son necesariamente “conceptuales”. Tengo una formación muy técnica, muy formalista. Es imposible “borrar” de nuestras mentes esas habilidades, siempre están en juego aunque no se constituyan en el interés exclusivo de la obra. Tampoco creo que ningún artista produzca obra sin “conceptos”. Que los pueda articular verbalmente con claridad y precisión es otro tema.

Creo que además hay una falsa polarización entre lo visual (a veces se habla también de lo sensorial o de lo “puramente estético”) y lo discursivo, como si las imágenes se pudieran producir o consumir desde una presunta ausencia de pensamiento. Todo fenómeno cultural o social contemporáneo, tiene así mismo una dimensión visual. Quizás estemos yendo hacia formas de concebir la imagen como algo más social, envolvente, inestable y complejo que antaño. Estoy recordando ahora un comentario bastante atinado de Nicolas Bourriaud (a quien normalmente encuentro insufrible) en su libro Postproduction. Hablaba de cómo ahora residimos DENTRO de una gran “image zone”, en vez de frente a imágenes.

Una de las cuestiones que muchas veces discutimos entre artistas con prácticas conceptuales-procesales-participativas, es justamente sobre como nuestros proyectos se configuran en nuestra mente con una cualidad de “imagen única” que lo aglutina todo, toda esa gran complejidad de actores, actividades, tiempos, espacios y momentos de publicación. Esto parece ser cierto también para otras personas involucradas en el proceso, aunque esa imagen aglutinadora no sea idéntica para todos. Quizás uno de los grandes desafíos de la práctica social es como compartir y comparar estas imágenes mentales con otros, y como comunicarlas a aquellos que no han sido parte del proceso. La crítica de Claire Bishop al perezoso recurso a “endless snapshots of people” por parte de artistas con prácticas sociales, es muy atinado. Hay también toda una exploración más formal que tiene que ver con el mind-mapping y con líneas de tiempo, igual bastante limitada en cuanto a los resultados que se consiguen. Hay una necesidad de pensar en esto con mas seriedad, quizás vincularse más con investigaciones científicas actuales sobre la percepción. Curiosamente, estas conversaciones suelen darse con artistas que nos hemos formado en escultura y transitamos hacia la práctica social vía el performance, lo que quizás apunta hacia un tipo de sensibilidad que se vincula al 4D. Esta es una observación puramente anecdótica, no esta fundamentada con ningún dato certero, quizás sea algo digno de explorar en más profundidad.

 

Estudio  (Montevideo -2012)
 
¿Son bien aprovechados los recursos de nuevas tecnologías en la expresión?

Habrá que ver que tipo de arte hacen las nuevas generaciones que han nacido con las nuevas tecnologías en el biberón. A mi personalmente no me impresionan mucho como recurso para la expresión, me parece que la promesa de la tecnología es siempre bastante inferior a la realidad. No he visto prácticamente nada de arte o producción cultural que use nuevas tecnologías y que me haya impresionado, conmovido o sorprendido. En realidad, la innovación tecnológica en si, me deja un poco fría, si no hay un mensaje o un contenido que me llegue. Me parece que estas tecnologías todavía manejan muchos niveles de exclusión, quien las diseña, quien las posee, quien las usa, quien las entiende, quien las manipula, quien las vende y quien las compra, etc. Aquella promesa democrática de la Internet, es a mi ver realmente aun una farsa. Así como soy usuaria avanzada de ciertas nuevas tecnologías y las uso cotidianamente para trabajar y comunicarme, soy también bastante Ludita. Al final, siempre me parece mucho más humano, mucho más conmovedor, mucho más importante un simple gesto hecho con el cuerpo, con la voz, con la mano. Me temo que soy una ciborg de papel y lapiz no más.

Our Garden Open Day. Colaboración con Ella Gibbs / Energy Café. Evento (2011)
 
¿Nuestro desafío creativo está en la politicidad del arte o en la artisticidad de la política?

Este es un tema que se esta discutiendo con mucha intensidad hoy en día en la esfera del arte contemporáneo. Hay todo un resurgimiento de lo “político” que no se veía en el mundo del arte desde los 60-70. Este debate quizás este motivado por la crisis financiera y ecológica en la que nos vamos hundiendo cada vez más. Por mi parte soy un tanto simplista en cuanto a la relación entre arte y política. Desde muy joven me relacioné con movimientos sociales y políticos como militante de base dentro de corrientes de izquierda no partidarias. Por otro lado, también siempre tuve una actividad artística, que no necesariamente está vinculada con ese activismo, ni creo que se pueda llamar a lo que yo hago arte político, pero si que está profundamente permeada por un mismo imaginario que yo resumo en el concepto del bien común y en un compromiso personal con el trabajo a nivel comunitario. No se si esto se puede definir como “politicidad del arte” o como “artisticidad de la política”. No sufro mucho de este tipo de esquizofrenia y vivo ambas realidades (el arte y la política) como separadas, pero simbióticas y complementarias en mi hacer cotidiano. La naturaleza del vínculo entre ambas varía, y depende del momento histórico, del contexto, de lo que me esté pasando a nivel personal.

Veo a muchos artistas jóvenes y algunos ya mas mayorcitos, que sienten un deseo de acercarse a la acción política desde el arte, y que se ven entreverados en este debate que me parece a veces un tanto frustrante. Es cierto que las formas tradicionales de militancia política han perdido el dinamismo que las caracterizó en un momento, pero tengo dudas de que la creatividad a la “Mayo del 68” que se está reviviendo en el movimiento Occupy sea realmente tan radical como se nos quiere convencer. Recordemos que muchos de aquellos jóvenes de Mayo del 68 son los que ahora nos manejan, como dijo Paul Giroy “we wanted to change the world, we ended up managing it”.

En realidad, si una tiene un compromiso político real y de fondo, lo del arte se resuelve solo. Mario Benedetti tiene un poema muy divertido en respuesta a los críticos que le recriminaban que su obra siempre tenía connotaciones políticas (léase: izquierdosas). Mario decía algo así como que aunque escribiera sobre la Atlántida, seguro que las criaturas mitológicas se le terminaban sindicalizando. Así es, si lo que nos interesa realmente es la transformación de la forma en la que vivimos y la justicia social, tendremos una actividad militante, el arte que hagamos vivirá del mismo sustento. Lo que he notado recientemente es una tendencia institucional que esgrime el discurso de que lo artístico o lo estético es inherentemente político (interpretaciones algo selectivas de las ideas de Ranciére) para presentar como radical y / o transgresora, la práctica de algunos artistas que lo que hacen en realidad es bien conservador. La presunta “poética” de estos artistas me parece que es para las elites una forma conveniente y sanitaria de relacionarse con la realidad bastante descarnada que nos rodea por todos lados. No digo que esta sea la intención de los artistas (que muchas veces no declaran la “politicidad de su arte”), pero al no rechazar esas interpretaciones se vuelven cómplices de la situación.


 
¿Cómo se plantean las relaciones con las instituciones culturales?


Diría que hay muchos tipo de instituciones culturales, incluso algunas que yo llamaría “para-instituciones” culturales. Cada artista puede encontrar – si lo fundamenta con un trabajo serio y dedicado – algún tipo de institución cultural con la que vincularse y con la que puede tener un diálogo y colaboración productiva. A veces tenemos que crear nuestras propias para-instituciones para poder hacer lo que queremos, y eso esta muy bueno también. Personalmente, las instituciones culturales con las que yo trabajo más cómodamente y con mejores resultados prácticos y espirituales, suelen ser con aquellas que administran recursos públicos y tienen un tamaño bastante modesto, lo que permite que todos los niveles de decisión estén bastante cercanos y se pueda negociar rápidamente transgresiones a las reglas. En las instituciones con las que colaboro, busco que tengan también una sintonía fuerte con los contextos sociales en los que se ubican, y si están gestionadas por artistas mejor que mejor. Para mí, el contexto más rico para la producción artística siempre ha sido el de las para-instrucciones que se arman en torno a afinidades generacionales de grupos de artistas y que se desarrollan orgánicamente en torno a ciertos puntos de alta concentración de energías creativas en tiempos y espacios muy concretos. Ahora mismo yo estoy enganchada con un colectivo de artistas llamado The Communist Gallery (aka The Commonist Gallery) que no tiene una base estable, pero surgió en torno a algunos artistas que nos fuimos congregando alrededor de una propuesta de Andrew Cooper en Brixton Market. También soy muy parcial con los espacios culturales que crecen en torno a la vida comunitaria de los barrios. Muchas veces los artistas nos obsesionamos con relacionarnos con instituciones artísticas y olvidamos que el arte es cultura, y que en cualquier lugar en donde hay gente, hay cultura.
 

 Wealth and Poverty Map.   Colaboración con Eva Sajovic. Acción de calle y flyer. (2011)

Las relaciones culturales de nuestra región con otros países (España, Estados Unidos de Norteamérica, Alemania) se están dando dentro de la colaboración entre los pueblos, o son penetración cultural, continuidad del colonialismo?

Estamos viviendo un momento histórico en donde nuevas hegemonías están en alza, aunque las viejas todavía tienen su peso, ahí se van a ir acomodando, pero en realidad siempre son los mismos. En cualquier lugar del mundo la clase propietaria es idéntica a sí misma, aunque protesten sus diferencias y rangos, son una gran hermandad global. No se sí aún me como mucho eso de la periferia y el centro. La globalización le ha abierto más la cancha a las elites de las llamadas periferias, pero en todos lados hay millonarios, pobres y re-pobres. Más importante a mi parecer es recordar que desde el mismo nacimiento del colonialismo han habido también resistencias comunes y  solidaridades. El concepto de los Black Panthers de “intercommunality” es para mi una propuesta todavía pertinente desde la cual trabajar las relaciones culturales. En Uruguay se está dando un proceso curioso, por ejemplo las relaciones culturales con España que siempre han sido muy fuertes y que tradicionalmente han arrimado recursos para la cultura, se están invirtiendo. Hace unos meses llegó a Montevideo una obra de teatro de una compañía estatal española que había sido producida con fondos uruguayos. Hay una cantidad importante de trabajadores culturales españoles que están llegando a Uruguay en busca de trabajo. Es un momento en donde poner a prueba si realmente hemos aprendido (todos) algo sobre el imperialismo cultural. Es complejo, pero debemos encontrar una postura para relacionarnos que no termine otra vez en lo del “oro por espejitos” ni tampoco en el revanchismo de “ahora se lo vamos a hacer pasar mal a ustedes”. Está por verse si hemos (todos) evolucionado lo suficiente como seres humanos para lograrlo.

Our side. Serie Placards: Pension Justice. Fotografía. (2011)


¿Cómo surge su relación con la expresión artística, cuáles son sus objetivos y cuales son su trabajos más destacados?

Bromeo que llegué a ser artista a pesar de mi misma. Vengo de un entorno familiar en el que el arte no existía ni como realidad ni como horizonte. En mi familia, lo que se nos planteaba desde niños como meta era poder acceder a través de la educación, a profesiones de “cuello blanco”, y poder trabajar sentados y en jornadas de ocho horas, con vacaciones etc. Aunque desde muy niña dibujaba y escribía compulsivamente, no es hasta que llego a la puerta de la Universidad que me empiezo a dar cuenta de que no hay ninguna otra actividad profesional que me interese lo suficiente como para ingresar a tal “Templo del Saber”. Algunos docentes de secundaria me habían hecho notar que quizás tenía una fuerte vocación para el arte y a mostrarme que también podía ser una opción laboral, pero en mi familia nunca hubo receptividad o apoyo para esas inclinaciones. Ahí empecé un camino un tanto extraño, desde las artes aplicadas (soy tallista en madera y doradora de oficio), hacia el performance y el arte conceptual que volqué muy rápidamente hacia contextos comunitarios. Martha Rosler ha comentado muy certeramente como la socialización temprana en el arte produce artistas y audiencias “carefully constructed by lifetimes of parental and scholastic preapration, expectation, and guidance”. A mi me faltó esa socialización.

Aunque finalmente me he reconciliado con mi profesión, durante muchos años estuve rengueando de esa pierna y tenía episodios recurrentes en los que me alejaba de la práctica artística y arrancaba con gran entusiasmo por otros derroteros laborales. A veces era una simple cuestión de supervivencia, hay que trabajar en algo que sirva para parar la olla. A veces era por un desencanto con el mundo del arte, o frustración con modelos de práctica que no sentía que eran los apropiados. Pero al final siempre terminaba volviendo al redil. Un día miré para atrás y me di cuenta que el arte era la única actividad que había realizado consistentemente desde muy niña. Que es lo que hago mejor y que es lo que me hace verdaderamente feliz. Ahora pienso en esos años de “escape de la disciplina” (parafraseando a La Lleca) como sábaticos que me tomé en su momento, y que me fueron ayudando a desarrollar una forma de hacer arte muy particular y que se ajusta mejor a mi visión del mundo que lo que había aprendido en las escuelas de arte. Con la edad tengo menos deseos de escapar, me he reconciliado o al menos aprendido a tolerar bastante cosas que me incomodaban del mundo del arte, y también he podido ir armando junto a almas gemelas, un entorno para la práctica artística más en sintonía con mis objetivos. Pasando a esto, diría que mi objetivo como artista es bastante simple, busco hacer un tipo de arte que sea relevante, útil, importante y valorado por mi gente, quizás hacer un tipo de arte en el que personas como yo, como mis padres o mis primos, puedan socializar a sus hijos en torno a valores e historias propias. La idea de servicio es muy fuerte para mi, en mi entorno familiar y en mi formación política. También tengo un objetivo más egoísta, que tiene que ver con mi calidad de vida. Trabajar en contextos comunitarios de los que soy parte, me permite trabajar para mejorar el contexto en el que vivo, hay un elemento muy importante de auto-interés en lo que hago. No es para nada filantrópico, de hecho, detesto la filantropía. Después de vivir en Inglaterra tantos años, la detesto aún más profundamente.

Mis trabajos más destacados? Habría que preguntarle a mis vecinos…
 

Everything is not All Right. Prop para performance y acciones de calle (2011)

¿Cuales son sus próximos proyectos?
 
Estoy recién aterrizando de nuevo en mi país, después de muchísimos años fuera, observando mucho todo lo que pasa, entendiendo cuales son los códigos. Por un lado, estoy trabajando en un libro de artista titulado Tulse Hill Diaries, que es el elemento práctico de mi Doctorado (estoy Doctorando en Chelsea College of Art & Design con un proyecto de investigación llamado Living together: The artist as a neighbour). Es un trabajo autobiográfico y parcialmente ficcionalizado que narra mis experiencias como artista y vecina en Tulse Hill Estate, un complejo de viviendas sociales del sur de Londres en donde viví durante 14 años.

Por otro lado, estoy comenzando a trabajar en una serie de obras sobre mi retorno a Uruguay, que es realmente otra experiencia de inmigración mas que un retorno. Estoy trabajando en una serie de notas y dibujos con observaciones sobre los cambios en Uruguay desde mi partida, ordenadas por el cambio de las estaciones. Una especie de Manual del Retorno, que pueda acompañar la llegada de otros retornados, pero también evidenciar los cambios para los que se quedaron aquí. Es un trabajo tragi-cómico, quizás bastante melancólico, muy perneado por mi nostalgia de Londres y de un Montevideo que ya no existe. Hay otras cosas que voy juntando, como una colección de baldosas de cemento de las veredas montevideanas, Nuestras veredas son famosas por estar llenas de baldosas sueltas, que se levantan por las raíces de los árboles y el poco mantenimiento de las aceras. La baldosa floja es todo un símbolo montevideano, que se sufre mucho cuando llueve y uno las pisa y se empapa. Paso mucho tiempo caminando por la ciudad, re-aprendiéndola, es una forma quizás de “llegar y besar el suelo”. Nunca lo había notado pero estas baldosas son además objetos bellísimos, de cemento pigmentado y con una gran variedad de diseños geométricos. La gente a veces también rellena los huecos con baldosas de suelos interiores, creando unas combinaciones muy curiosas, preciosas, en fin, todo un universo a mis pies. Hay otras cosas en la fragua, un documental sobre los comerciantes y artistas que venden sus mercancías en los autobuses, y unas obras de homenaje a algunos de los viejos que se han ido en estos años de ausencia.

Son todas obras muy de “estudio”, que es algo que no suelo hacer frecuentemente, pero es un momento para mí de observación e introspección, es algo que necesito en este momento para ayudarme a procesar la experiencia de volver a Uruguay. Quizás aquí el medio es también más tradicional en cuanto a formas de producción artística, y esté sintiendo que la obra de estudio es una forma expediente de vincularme con mis colegas de la comunidad artística, que es ciertamente una de las comunidades de las que formo parte. Me da un poco de reparo llegar con todo un discurso armando, y que se vaya a entender como que vengo a imponer mi forma de trabajar cuando no existe una tradición similar aquí. Por otro lado me parece que para poder arrancar con el tipo de práctica social que desarrollaba en Londres, tengo que primero entender mucho mejor como se vive aquí a nivel comunitario. Estoy mirando con mucho interés algunas experiencias estatales educativas y de formación laboral con poblaciones de contexto vulnerable. Hay mucha sintonía entre mi práctica y las metodologías y el marco de pensamiento crítico con el que se están enfocando estas tareas, que en principio son puramente de corte social, pero que parten de una concepción de la cultura que siento muy cercana.



 

Después de formarme como tallista de madera y de trabajar en un taller de imaginería religiosa en Madrid durante los 90, transité de forma algo accidental hacia el arte conceptual, buscando una alianza mas armoniosa entre el arte y el compromiso político. En 1997 me gradué con un Master en Práctica Crítica de las Artes, en el Central St Martins College of Art & Design. Desde 1995 hasta el 2012, viví en el sur de Londres, en donde desarrollé un trabajo sostenido e insertado en la vida social y cultural de Brixton, mi barrio, y en el entorno de sus barrios aledaños: Peckham, Camberwell, Stockwell, Vauxhall.
Mi desempeño en el Reino Unido abarca obras y proyectos comisionados por el ICA (Institute of Contemporary Art), Whitechapel Gallery, Arts & Business, Gasworks, Tate Modern, Tate Britain y la South London Gallery. Mi trabajo en Europa incluye también proyectos para La Casa Encendida (España), de kunstbank (Bélgica) y Demokratische Kunstwochen (Suiza). La mayor parte mi producción artística ha sido realizada en estrecha colaboración con otros artistas, con organizaciones comunitarias, y con personas con todo tipo de experiencias y trayectorias de vida. En paralelo a mi producción artistica, he trabajado como docente universitaria en la University of the Arts, London, especializandome en performance y arte en vivo, y en prácticas artísticas de orientación social y política.
En el 2012, después de 22 años en el extranjero, regresé con mi hija a radicarme de nuevo en Uruguay.


                                                                                                                                                                                                        Ana Laura Lopez de la Torre

www.lopezdelatorre.org
 

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