
El grupo de arte callejero Por el Ojo, integrado por Julia Balmaceda, Federico González, Daniel Sanjurjo e Ignacio Sourrouille, desarrolló su actividad entre 1989 y 1994. Combinó la intervención del espacio público con muestras en salas de Bs. As. San Pablo o New York.
Por el Ojo fue un grupo de arte que en los inicios de la década del noventa proponía una irónica y ácida manera de increpar el reino de la imagen mediática. Su nombre, “Por el Ojo, Video sin Cámara”, da cuenta un poco de ello.
Se formaron como grupo, en 1989, cuando muchos otros se disolvían. Luego del fervor que se vivió en las calles de Buenos Aires con el “retorno” de la democracia, para finales de la década la decepción y el escepticismo ganó terreno a fuerza de políticas que confirmaban los lineamientos económicos impuestos por la dictadura y leyes que imponían el “perdón” y la amnesia sobre los crímenes recientes. Comenzaba una etapa hoy leída desde la aceleración y exacerbación de las políticas neoliberales, la farandulización y banalización de la producción artística y cultural, y la enajenación del espacio público (privatización de todo tipo de recurso estatal). Sin embargo, este escenario hostil y desalentador no les significó obstáculo al grupo para abrir un nuevo frente de batalla.
Por el Ojo, no fue un grupo de arte político, si por ello entendemos cierta producción estética estrechamente ligado a las luchas sociales o que tematiza distintos reclamos y reivindicaciones. Sin embargo, desde otra acepción de lo político, en tanto cuestionamiento de los vínculos del sujeto con la polís, es decir, con su lenguaje y su cultura, Por el Ojo resulta un muy interesante representante de un arte crítico, partícipe de un debate que recién se estaba inaugurando. Con un mix de técnicas y el motivo único y recurrente del marco de TV, proponía una parodia al fetiche tecnológico y la cultura del espectáculo. Esto, junto a la necesidad de seguir ocupando un espacio público que como nunca antes estaba en riesgo, conformó el cuerpo de la obra que durante cinco años el grupo desarrolló.
Sus “serigraffitis”, así los llamaban, consistían en unas pantallas impresas en papel pegadas en distintas paredes de Buenos Aires y enmarcadas por un televisor pintado con aerosol y una placa de stencil. Estas imágenes irrumpieron en una ciudad donde ya casi nadie intervenía artísticamente el espacio público.
Luego, a estos televisores públicos y precarios que se encendían en las paredes mudas de la ciudad, le siguieron los VSC (Videos Sin Cámara), enormes rollos de papel (2,50m X 15m) pintados y luego montados sobre un mecanismo de rodillos y enmarcado por un televisor gigante de escenografía. Su sigla resonaba a otro de los tantos formatos y dispositivos (U-matic, VHS, MiniVHS, Beta, etc.) que inundaban como oleadas año tras año el mercado. Su “proyección” podía durar alrededor de un minuto y era acompañado con una pista de sonido. La imagen pictórica se combinaba con un recurso temporal y auditivo. La mezcla de técnicas y discursos parodiaba la estética imperante del video clip y la precarización de la producción artística. Estas obras ya no se exhibieron en la calle pero su aparición continuó la batalla por la recuperación del espacio público.
En 1992, luego de obtener un premio del Museo Franklin Furnace de Nueva York, y como parte de su “Por el Ojo Plastical Tour”, consiguen presentar un original proyecto curatorial en el Centro Cultural Recoleta. Por esos días en Centro se encontraba en medio de un conflicto por la deposición y sustitución de sus autoridades. Con nulo apoyo institucional, mínimos aportes económicos y bastante rechazo de la prensa, el grupo desembarca con un proyecto que cruzaba el espacio de taller con el de exhibición, invitando a participar de un evento donde se desdibujaban los roles de artista y público. Durante cuatro meses siete salas del Centro Cultural Recoleta fueron invadidas por miles de espectadores y más de 200 artistas entre pintores, músicos, fotógrafos, bailarines y el público que se animó a producir arte. En este contexto se hicieron y “proyectaron” los primeros VSC. Fue un proyecto mesiánico que agotó a los cuatro integrantes de Por el Ojo, pero que los llenó de satisfacción.

Luego, vino la segunda parte del proyecto, un viaje a Nueva York que duró 40 días, dos exhibiciones, pintadas en las calles, entradas en la comisaría y demás condimentos. Una experiencia intensa y muy productiva, donde se ensayaron nuevas propuestas artísticas, como televisores corpóreos hechos de desechos, y reformularon otras. Pero, lamentablemente fue también donde el grupo cerró el ciclo. A su vuelta estaban disueltos y, aunque hubo luego algunas muestras más, ya los televisores dejaron de transmitir.
La frustración originaria de no acceder a una cámara de video los llevó a desarrollar una estética propia, mestiza y burlona. De forma intuitiva propusieron una mirada sobre una sociedad obnubilada por el fetiche tecnológico, el éxito individual y el renunciamiento al patrimonio social. Hoy su producción es casi ignota. Pocos recuerdan los eventos y situaciones que generaron o registran sus imágenes en el inventario de la producción artística local. Sin embargo estuvieron ahí, testigos y críticos de un momento histórico de debemos revisar.