
El museo está en crisis, al igual que otras instituciones de nuestra sociedad y la sociedad misma. Muchas veces es utilizado en funciones que poco tienen que ver con su especificidad: servir a una cultura democrática.
El proyecto de Muestra museológica en la terminal de ómnibus Mariano Moreno surge en el 2001, a partir de una idea que va más allá de los conceptos tradicionales "terminal de ómnibus" y "muestra-museo"
Según el diccionario, la estación terminal es un lugar donde llegan y salen colectivos, es un espacio transitado por miles de personas que van de un lado a otro del país. Pero en ningún lugar el diccionario te dice de las angustias o las alegrías que pueden tener cada uno de esos individuos que conforman la multitud ante la llegada o la partida de alguien. Tampoco de la soledad que contiene este espacio. Creo que todas las terminales se tendrían que llamar “Soledad, esperanza, tristeza”; en resumen, todo lo vital de la sociedad.
La Terminal es un espacio de movimiento, de tránsito. Y a la vez de quietud, por las esperas. Es un lugar donde el tiempo tiene otro tiempo.
La Terminal es un sitio que te incita a comprar un libro, aunque no seas lector. Por las posibilidades que dan la espera y el viaje.
El concepto “museo”, si nos ajustamos a la definición del Consejo Internacional de Museos (ICOM), plantea 5 premisas que lo definen. En el artículo 2 dice:
Un museo es una institución de carácter permanente y no lucrativo al servicio de la sociedad y su desarrollo, abierta al público, que exhibe, conserva, investiga, comunica y adquiere, con fines de estudio, educación y disfrute, la evidencia material de la gente y su medio ambiente.
¿Hoy nuestra sociedad debe articular de la misma forma esos conceptos que hace 20 años atrás?
En la muestra de la Terminal el espíritu de cada uno de los objetos se articula con ese no-tiempo de los pasajeros-espectadores. Al articular este ámbito de tiempo/espacio con el espacio/imagen, se logra una retórica entre el discurso de la imagen desde el pensamiento de cada persona.
Cada imagen tiene algo para narrar, cada imagen tiene voz, tiene movimiento, tiene expresiones e ideas únicas.
Y todo eso necesita un tiempo de compresión, ¿qué mejor lugar para esto que un espacio de tiempo/soledad?

Pero, ¿podemos llevar cualquier imagen a ese lugar?
Teníamos que resolver cuáles y cuántas imágenes eran necesarias para desarrollar una narración. Buscar una frase o dos tres palabras para sostener el mensaje,
Pero, ¿a quiénes nos estábamos dirigiendo?
¿Al espectador consciente que dedica unas horas para ver una muestra que le interesa en los espacios museales tradicionales o al espectador casual en tránsito?
Nos mostrarnos a todos los estratos sociales, a personas de todas edades y sexos, a nativos y extranjeros.
Después de este planteo nos enfrentamos al desafío de buscar el lugar específico dónde ubicar la muestra.
¿Cómo se mueve la multitud en ese caos ordenado como es la Terminal? Si la ubicábamos en un sitio errado, podíamos provocar un desorden. Tuvimos que analizar muy bien la ubicación de los paneles para que pudieran ser parte y cómplice de este caos sin alterarlo. Y a la vez, nos propusimos que esa persona solitaria pudiera disfrutar de cada una de las imágenes.
Estuvimos investigando mucho, sobre todo los viernes y los lunes de madrugada que son los días de mayor tránsito.
Al principio nos planteamos la hipótesis de ubicarla en el hall de entrada, pero lo descartamos porque vimos que allí no se podía poner nada. Finalmente logramos ese sitio en el pasillo central sin perjudicar a las boleterías y sus colas, ni a los quioscos y sus vidrieras.
La muestra ya es parte natural de Terminal, los empleados de los comercios y de las empresas de transporte la sienten incorporada. Tal es así, que las tareas de mantenimiento y limpieza la está realizando personal de la Terminal. Los viajeros ponen sus bolsos entre panel y panel, sin estorbar el tránsito. La gente la cuida, no raya los paneles, todo el mundo se la apropió.
Nos da mucha satisfacción ver que se detienen a disfrutar de la muestra, tanto un ejecutivo como un chico que pide monedas.
Cada muestra se presenta como “álbum de familia” de la ciudad de Rosario, buscamos fotos en las que todos se sientan identificados, tratando de reflejar los momentos cotidianos.
Está proyectada para que se la pueda conocer con recorrido que puede variar entre los 15 y 60 minutos.
El costo de cada muestra es mínimo. La preparación del proyecto y el montaje lo hace personal municipal, de la Escuela de Museología. La impresión de cada imagen es un canje publicitario con una casa de fotografía.

Realizamos dos muestras especiales. La primera fue para el 50 aniversario de la inauguración del Monumento a la Bandera. Esta muestra fue dirigida en particular hacia la gente que había asistido a los actos del 20 de Junio de 1957. Fue un acto con participación masiva, se calcula que participaron más de medio millón de personas.
Se veía al público en las barrancas, gente alrededor del monumento. Sólo dos imágenes no tenían como protagonistas a ciudadanos comunes. Una era una fotografía de la suelta de palomas y la otra era de los Granaderos desayunando mate cocido después de bajar del tren en la estación.
El punto de vista “desde la gente” tuvo mucha acogida. Observadores de la muestra que peinaban canas se buscaban en medio de la multitud.
La segunda muestra especial fue sobre el Che. El proyecto se afirmó conceptualmente en el nacimiento de Ernesto Guevara en Rosario y no quisimos fantasear con ninguno de los mitos en los que se afirma interesadamente alguna gente. Seamos claros. Primero, al Che no le interesaba el fútbol, le interesaba el rugby. Y de haber tenido simpatía por algún club, ese club habría sido Talleres de Córdoba. Tratamos de ser los más objetivos posibles y alejarnos de esos infantilismos.

Tratamos de reflejar la ciudad donde fue parido el Che, la ciudad del Rosario que él pudo ver. Su llegada en barco desde Misiones, algunos lugares emblemáticos de nuestra ciudad como el Parque Independencia y el monumento a Belgrano, detalles del barrio dónde vivió sus primeros meses, el mercado donde su madre hacía las compras alrededor de 1928. Luego mostramos lugares que el Che pudo recorrer cuando volvió a Rosario en su adolescencia, como la esquina de Corrientes y Córdoba o el cine Monumental, la plaza Santos Dumond. Su casa natal en la actualidad, la plaza de la Cooperación donde está el mural de Carpani. Y la muestra terminaba con una imagen de 1957. Una imagen ampliada de la inauguración del monumento, donde se podía leer: “1957. El Che comienza la búsqueda del Hombre Nuevo en América, Rosario inaugura el Monumento a la Bandera”.

Esto era la muestra interna. En la parte externa, sobre la estructura que iba a servir de puente peatonal con la calle Córdoba, pusimos una estructura de hierro de 3 metros de alto con un soporte distinto al resto ( en este caso metálico) con la imagen del Che. Esto fue un trabajo de un artesano herrero, Miguel Albornoz.
El museo, como tantas otras instituciones de nuestra sociedad y la sociedad misma, están en crisis. Muchas veces es utilizado en funciones que poco tienen que ver con su especificidad; que debería ser, servir a una cultura democrática.
Creo que deberíamos poner en claro cómo surgieron y qué objetivos tuvieron en distintos momentos de la historia y cuál es su rol hoy.
Nuestro trabajo es investigar las necesidades actuales, repensar los objetivos, abrir sus puertas a todos los sectores de nuestra sociedad y así contribuir en la dinámica de construcción de ciudadanía.
Nuestro desafío es realizar un museo y todo lo que involucre este mundo museal en espacios de voces claras y sin dudas democráticas.
(*) Alfredo Tornimbeni es licenciado en museología y director de la Escuela Superior de Museología de Rosario
Alfredo Tornimbeni (atornimbeni@fibertel.com.ar)