TODOS SOMOS NEGROS - Convocatoria

TODOS SOMOS NEGROS - Convocatoria

Por muchosmundos // 04 de junio de 2009

“Todos los ciudadanos, de aquí en adelante, serán conocidos por la denominación genérica de negros”.
 
Artículo 14, Constitución Haitiana de 1805.
 

En medio de los festejos previstos en torno al Bicentenario de las revoluciones independistas americanas de 1810, es llamativa la omisión de la revolución haitiana de 1804, la primera, la más radical y la más inesperada de todas ellas. Allí fueron los ex esclavos de origen africano –es decir la clase dominada por excelencia, y no las nuevas elites “burguesas” de composición europea blanca- los que tomaron el poder para fundar una república llamada, justamente, negra. Negra y a la vez con nombre indígena, ya que Hayti es el viejo nombre taíno de la isla.
 
Haití, hasta entonces llamada Saint Domingue, era por lejos la más rica colonia francesa en el Caribe. Una sociedad plantadora y esclavista productora de azúcar y café, con medio millón de esclavos, que proporcionaba más de la tercera parte de los ingresos franceses.
 
La Constitución de Haití fue promulgada sobre los borradores redactados en 1801 por el liberto Toussaint Louverture, muerto en la cárcel napoleónica, quien había encabezado la revuelta antiesclavista desde 1791. A diferencia de lo que sucederá con otras independencias americanas, hay en este silenciado caso, que costó  200.000 vidas, una radical discontinuidad (jurídica, sin duda, pero también y sobre todo, étnico-cultural) respecto de la situación colonial.
 
El ideario de igualdad de la Revolución Francesa es llevado más allá de ella misma, que terminó pretendiendo impedir la abolición de la esclavitud en Haití.  Los esclavos haitianos se enteraron muy pronto de que en la noción de “universalidad” proclamada por los Derechos Universales del Hombre y del Ciudadano, no tenía lugar su “particularidad”.
 
La radicalidad filosófica inédita de la generalización arbitraria “ahora todos somos negros”, incluyendo explícitamente a las mujeres blancas, los polacos y los alemanes (sic), deja claro que para los revolucionarios haitianos negro es una denominación política y no biológica, que des-construye la falacia racista y aspira a un nuevo universal desde la generalización del particular (más) excluido.[1]
 
Convocamos a retomar la proclama haitiana e instalarla en la calle y en los debates públicos, no sólo para llamar la atención sobre la historia silenciada de esta revolución negra de 1804 ante los homenajes del Bicentenario criollo, sino además por la carga disruptiva que aún porta intacta la idea de que todos y todas podamos definirnos como negros, en medio de la creciente intolerancia en que vivimos. Carteles, afiches, autoadhesivos, volantes, graffiti, avisos en publicaciones y cualquier otro medio puede redundar en extender esta campaña anónima y colectiva por toda América Latina y el resto del mundo.


[1] En base al texto de Eduardo Grüner, “A partir de hoy somos todos negros”, inédito, 2009.

+++ Muchosmundos comparte esta convocatoria que nos enviaron, e invita a compartirla... +++

 

Comentarios

post post escribió el 11-jun-2009 a las 13:01
>>> Badiou sobre Toussaint-Luverture [extraído de Lógicas de los Mundos, Manatinal, BsAs, 2008] La secuencia anticolonial de la Revolución Francesa es política e históricamente fundamental. Su omisión en la mayoría de los relatos históricos no hace sino verificar la renegación [refoulement] racialista y colonialista sobre la cual se fundó, hasta la guerra de Argelia incluida, ese espíritu de la Tercera República del que tantos bienintencionados declaran hoy tener nostalgia. Es muy notable que el mejor libro sobre Toussaint-Louverture, la revolución antiesclavista en Santo Domingo y la creación del primer Estado (Haití) gobernado por quienes habían sido esclavos negros haya sido escrito en 1938 por un americano (C. L. R. James, The Black Jacobins: Toussaint-Louverture and the San Domingo Revolution, reed. 1989, New York, Vintage Books). Tan asombroso como que haya sido necesario esperar los trabajos de Florence Gauthier para que se esclarecieran las maniobras del lobby colonial del Caribe y su rol crucial en la caída del gobierno revolucionario, el 9 Termidor de 1794. Ver al respecto, por ejemplo, la recopilación de estudios publicada bajo su dirección en la Soclété des études robespierristes: Périssent les colonies plutót qu’un príncipe (la frase es de Robespierre). Sin embargo, desde la insurrección salvaje de los esclavos de Santo Domingo hasta la devastadora guerra victoriosa dirigida por Dessalines y Christophe contra las tropas de Napoleón que fueron a reestablecer la esclavitud, tuvo lugar allí una de las más impresionantes epopeyas que puedan concebirse. No faltan en ella las grandes escenas a la manera de Homero, como la sesión de la Convención en la cual, en presencia del delegado negro, la abolición de la esclavitud se decreta sin debate, ya que toda "discusión" acerca de ese punto se considera vergonzosa; o la organización pacificada, en 1796, bajo la dictadura de Toussaint, de la primera sociedad igualitaria interracial que ha conocido la humanidad. Las amistades políticas entre hombres de estatura gigantesca recuerdan también el antiguo relato. Tal es el caso de la amistad de Toussaint con dos revolucionarios blancos, el gobernador Laveaux y el comisionado Sonthonax. El tratamiento literario más vigoroso de esos episodios, exceptuando, naturalmente, el que le dio nuestro gran poeta negro nacional, Aimé Césaire (leer Toussaint-Louverture, París, Présence africaine, 2004, y sobre todo La Tragédie du roi Cristophe, París. Présence africaine, 1963), se encuentra en un libro, curiosamente de proveniencia alemana. Pienso en Histoire des Caraïbes, de Anna Seghers (trad. Claude Prévost, París. L’Arche, 1972) y en la adaptación teatral que de él propuso Heiner Müller, La Mission. souvenir d' une révolution (trad. de Jean Jourdheuil y Helnz Schwarzinger. París. Minuit. 1982). En cuanto a estas dos últimas referencias. será provechoso leer el artículo de Isabelle Vodoz titulado "Deux lettres de Jamaïque sur la Révolution. Anna Seghers, La Lumière sur le gibet, Heiner Müller, La Mission". El artículo se encuentra en la revista Germanica, nº 6, 1989.

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