Hacia una redefinición del espacio público y el arte político

Hacia una redefinición del espacio público y el arte político

Por Pilar Parcerisas // 18 de septiembre de 2009

El arte como experiencia pública  o social está redefiniendo conceptos como los de arte público y/o espacio público.

“(…) The discourse about public art is itself a political site – a site, that is, of contests over the meaning of democracy and, importantly, the meaning of the political.”

Rosalyn Deutsche



El arte como experiencia pública  o social está redefiniendo conceptos como los de arte público y/o espacio público. Desde los ochenta, el concepto de arte público está vinculado al del espacio público. Se habla del arte en lugares públicos, del arte como creador de espacios públicos o del arte en contexto. Es evidente que cada vez se es más exigente con el concepto de “público”, que tiene unas connotaciones altamente democráticas. Público, en este contexto, implica “apertura”, “accesibilidad”, “participación”, “inclusión” , en definitiva, tener en cuenta la gente, no sólo como espectadores o visitantes, sino como usuarios del espacio público y que pueden ser parte activa en su configuración.

Las discusiones y el discurso emergentes sobre el nuevo concepto de arte público está íntimamente vinculado a un “comportamiento democrático” alrededor del arte, la arquitectura y los espacios urbanos. El espacio público forma parte de la retórica democrática, un  lugar común para ejercer los derechos que se derivan de ella, aunque a menudo sirve para justificar o dar soporte a un urbanismo irracional. El espacio público se define por contraposición al espacio privado basado en la propiedad en base a la libertad, la igualdad, la participación y el activismo como forma reconocida de participación.

Esta idea sobre el espacio público, propia de las democracias más conservadoras, ha ido cambiando a medida que los años 80 del siglo XX avanzaban en el marco de un contexto de de desarrollo urbano masivo acelerado, que correspondería a un neocapitalismo avanzado, basado en la explotación y la opresión del espacio público y de sus habitantes. Este sistema ha transformado las ciudades en espacios de provecho  privado bajo un control público, creando bolsas urbanas de desahucios y desamparados, ya que el desarrollo y la reestructuración de los espacios urbanos han destruido sistemas precarios de supervivencia en las grandes ciudades. Sin embargo, en este contexto, el arte ha tenido un papel de elemento de cohesión, si bien en unas funciones de “monumentalización”, “decoración” o “embellecimiento” del espacio público que ahora está en declive, aunque cada vez más la participación vecinal ha sido solicitada para resolver  los problemas entre el artista que ha diseñado un objeto escultórico  para un espacio público y los vecinos.

El arte público ha ido cambiando su función política y el que podríamos llamar “nuevo arte  público” surge  del conflicto y la opresión que generan los nuevos espacios urbanos. Desde los años sesenta y setenta, la mirada interdisciplinaria del arte ha transformado la práctica artística en una praxis más alejada del objeto artístico. Al que se le otorga una dimensión política y social más acusada, dado que se entiende la práctica del arte como una práctica crítica. Si al concepto de espacio público le añadimos el de esfera pública  (categoría analizada por Jürgen Habermas), en la cual los ciudadanos pueden crear estados de opinión críticos contra el estado, el sistema o la  institución establecida, en este contexto, el arte crítico deviene elemento clave  para intervenir en la esfera pública y propiciar la unión entre espacio público y esfera pública, convirtiendo el espacio público en un espacio político. Es casi una condición sine qua non que el arte público tenga lugar  fuera de los espacios institucionales del arte, es decir “fuera del museo”, para garantizar  su calidad pública y total y el libre acceso al mismo. Es obvio que el espacio del museo cae en la parcialidad y la privacidad, y que una autentica acción crítica de arte y contexto sólo puede tener lugar de verdad fuera de las murallas del museo y de la institución artística.


Muchos de los trabajos contextuales que se han llevado a término han tenido presente, precisamente, la dicotomía entre espacio público/espacio privado, como punto de conflicto. Otros han tomado el espacio comunitario como espacio de interacción, identidad, comunicación, confrontación y participación. El arte genera nuevos instrumentos para activar la intervención en el espacio público y volverse una herramienta de participación democrática en la resolución de los conflictos, acortando la distancia entre el ciudadano y el contexto, mediante la aportación y participación de colectivos sociales y educativos. Los años setenta del siglo XX impulsaron la práctica artística hacia el arte expandido y la hiperrealidad social, creando nuevas formas de implicación del arte con la sociedad, activando otras disciplinas, como la sociología, la antropología, la sicología, las ciencias de la comunicación y otras, las cuales, en interacción  con los procesos y la sensibilidad artísticos han ido desembocando en una fusión de arte con la realidad.

Es cierto que la mayor parte de acciones y experiencias de arte público se identifican por ahora en el espacio físico de la ciudad, en el urbanismo, en lo que es urbano, pero el espacio público responde a un concepto más amplio, no siempre referido aun espacio físico, sobre  todo cuando se desarrolla en el marco de la esfera pública, en que un conjunto de ciudadanos ( o no ciudadanos), a través de sus entidades o instituciones, empiezan un debate acerca de conceptos que les afecta, según un tema de derechos humanos, de identidad o de cuestionamiento  del sistema establecido, u otros. El espacio público puede ser, pues, de orden inmaterial; un espacio donde  las relaciones sociales toma sentido y, por lo tanto, se puede desplazar fácilmente de un territorio físico a un territorio conceptual. Sin embargo, el espacio público se puede definir , de acuerdo con Rosalyn Deustche, como en “contenedor de procesos sociales, o la expresión material de las relaciones socioeconómicas”. El espacio no es un espacio dado, sino un espacio construido, en el sentido de Heidegger: “something that has been made room for” con sus límites y fronteras que delimiten su presencia.

Esta concepción del espacio pone en juego la problemática de estas dos concepciones del espacio público, la que se refiera al espacio físico urbano (un bloque de pisos, un parque urbano, una periferia metropolitana, un barrio o una plaza) uy la que afecta al espacio social, su discurso y su representación. El espacio público es frágil y, a menudo, es fácil que allí se produzcan la violencia y la exclusión. Las alternativas que se ofrecen desde el arte para tratar el espacio público, como espacio físico, como discurso o representación de la esfera pública o de ambos campos al mismo tiempo, son propuestas complejas que ponen en marcha procesos de comunicación y de construcción social, a través del espacio público y de los colectivos sociales y educativos.

Experiencias como las que está llevando a término la Fondazione Adriano Olivetti en Italia entrarían perfectamente en la doble categoría de espacio público físico y territorial y al mismo tiempo conceptual, como se ha impulsado en Roma con el proyecto “Immaginare Corviale”, una periferia urbana en la que los vecinos han estado invitados a cambiar la imagen  de estos bloques urbanos, con tal de rehacer su identidad, con una comunicación entres artistas visuales, arquitectos, los medios de comunicación y tecnologías actuales. En España, las iniciativas son todavía escasas, pero hay que destacar el intento de Madrid Abierto, una plataforma estable para proyectos de arte público en los entornos urbanos de Madrid. Otro intento destacable es la convocatoria de IDENTSITAT, una experiencia que nació en el marco de una población pequeña, Calaf, bajo un programa de escultura pública, y que ha ido derivando hacia una  exploración del espacio público y la esfera pública, paradigma de nuevas experiencias de construcción social. IDENSITAT  convoca a proyectos artísticos que activan la participación social y constituye un foro de creación contemporánea en relación con el ámbito geográfico en que el espacio público  está valorado como espacio sensible. La construcción de la ciudad y el territorio son considerados espacios de representación de representación de la vida colectiva, de los cuales el ciudadano se vuelve un usuario que se quiere participen la construcción y representación de este espacio simbólico, personal y colectivo. Al mismo tiempo, IDENSITAT, que trabaja en un espacio social reducido (el de la población de Calaf, con unos 3.500 , que en la convocatoria 2005  se ha extendido al territorio de Manresa, una ciudad de cerca de 75.000 habitantes) ha incentivado proyectos que puedan implicar factores s sociales y culturales propios del lugar, entidades mediadoras, colectivos educativos, de manera que no sólo ha propiciado la intervención artística en un espacio social dado, sino que ha desvelado procesos e iniciativas de autoconstrucción y, en consecuencias, autocreativas.

Mediante estas experiencias procesuales del arte público se crea una relación artística de complicidad con el contexto y sus efectos sociales, se genera un debate y el trabajo en cuestión se transforma en un espacio de  debate político, creándose un diálogo entre la sociedad, los estamentos públicos y los colectivos de la población. La experiencia de arte público se vuelve, finalmente, un trabajo de arte político en el marco de lo que es “real”, sea  espacio físico o representado. La vuelta de lo real anunciada por Hal Foster mediante la tarea del “artista como etnógrafo” es ahora una práctica real, el cumplimiento de una dimensión utópica del espacio público que el situacionismo internacional centra en la psicogeografía del espacio urbano como lugar donde resolver los conflictos. Ahora, desde  el conflicto, las nuevas prácticas artísticas ayudan a crear nuevas vías de construcción social y a limar las disidencias desde el diálogo y la comunicación. Arte y esfera pública crean un nuevo activo dentro del espacio político y social, que se fusiona con las utopías y el espíritu creativo y sensible del arte. Una nueva  visión también, democrática del arte, una vez desaparecida las figuras de la autoría y del genio romántico. Probablemente, en el siglo XXI, entramos en una nueva era de cumplimiento de la  “escultura social”, anunciada proféticamente por Joseph Beuys en los años sesenta del siglo XX

(*) Publicado en "Arte, experiencias y territorios en proceso"
por IDENSITAT
www.idensitat.org

pparcerisas@telefonica.net
 

Comentarios

porfiado  escribió el 19-ene-2010 a las 03:18
hola soy estudiante egresado de artes y pienso que toda accion que se reliza enla calle por mas hblando de instalacione artisticas tiene que lidiar con la politica, ya que la urbe (ciudadanos, habitantes...)en si, es la que esta cada dia es este andar , interesda o no de la politica. estoy realizando una tesis sobre arte urbano ( intervenciones en la esfera publica) me pueden ayudar con mas infaormacion sitios web o libros sobre estos temas gracias

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