Manifiesto Antropófago

Manifiesto Antropófago

Por Oswald de Andrade // 03 de febrero de 2010

“Antes de que los portugueses descubrieran el Brasil, el Brasil ya había descubierto la felicidad”.

Solo la antropofagia nos une: socialmente, económicamente, filosóficamente.

Única ley del mundo. Expresión enmascarada de todos los individualismos, de todos los colectivismos. De todas las religiones. De todos los tratados de paz.
 
Tupi 1 or not tupi that is the question. (1)
 
Contra todas las catequesis. Y contra la madre de los Gracos.
Sólo me interesa to que no es mío. Ley del hombre. Ley del antropófago.

Estamos cansados de todos los maridos católicos sospechosos puestos en trance. Freud terminó con el enigma mujer y con otros sustos de la psicología impresa.

Lo que atropellaba a la verdad era la ropa, lo impermeable entre el mundo interior y el mundo exterior. La reacción contra el hombre vestido- El cine norteamericano informará.
.
Hijos del sol, madre de los vivientes. Encontrados y amados ferozmente, con toda la hipocresía de la saudade, por los inmigrados, por los traficados y por los turistas, en
el país de la serpiente grande.

Fue así porque nunca tuvimos gramáticas, ni colecciones de viejos vegetales, Y nunca supimos lo que era urbano, suburbano, fronterizo ni continental. Perezosos en el mapamundi del Brasil.

Una conciencia participante, una rítmica religiosa.

Contra todos los importadores de conciencia enlatada. La existencia palpable de la vida. Y la mentalidad prelógica para estudio del señor Levi-Bruhl .

Queremos la revolución Caraíba (2). Mayor que la Revolución
Francesa. La unificación de todas las rebeliones eficaces en la dirección del hombre. Sin nosotros Europa no tendría siquiera su pobre declaración de los derechos del hombre.

La edad de oro anunciada por Norteamérica, La edad  de oro. Y todas las girls.

Filiación . El contacto con el Brasil Caraíba . Où Villegaignon print terre- Montaigne . El hombre natural. Roussea.. De la Revolución Francesa al Romanticismo, a la Revolución Bolchevique, a la Revolución Surrealista y al tecnicismo bárbaro de Keyserling. Caminamos.

Nunca fuimos catequizados. Vivimos a través de un derecho sonámbulo. Hicimos nacer a Cristo en Bahía, o e n Belem do Pará.

Pero nunca admitimos el nacimiento de la lógica entre nosotros.

Contra el Padre Vieira. Autor de nuestro primer empréstito para ganar comisión. El rey analfabeto le dijo: ponga esto en el papel pero sin mucha labia. Se hizo el empréstito.
Se gravó el azúcar brasileño. Vieira dejó el dinero en Portugal y nos trajo la labia.

El espíritu se niega a concebir el espíritu sin su cuerpo. El antropomorfismo. Necesidad de la vacuna antropofágica. Para el equilibrio contra las religiones de meridiano, y las inquisiciones exteriores. Sólo podemos atender al mundo orecular.

Teníamos la justicia, codificación de la venganza. La ciencia, codificación de la Magia..Antropofagia. La transformación permanente del Tabú en tótem

Contra el mundo reversible y las ideas objetivadas. Cadáverizadas. El stop al pensamiento que es dinámico. El individuo víctima del sistema. Fuente de las injusticias clásicas, de las injusticias románticas, y el olvido de las conquistas interiores.

Derroteros, derroteros, derroteros, derroteros, derroteros, derroteros, derroteros .

El instinto Caraíba.

Muerte y vida de las hipótesis. De la ecuación yo parte del Cosmos al axioma Cosmos parte del yo. Subsistencia, conocimiento, antropofagia.

Contra las élites vegetales. En comunicación con el suelo.

Nunca fuimos catequizados, Lo que hicimos fue el Carnaval. El indio vestido de senador del Imperio, disfrazad o de Pitt, o apareciendo en las óperas de Alencar lleno de buenos sentimientos portugueses.

Ya teníamos el comunismo. Ya teníamos la lengua surrealista, la edad de oro.

Catiti Catiti  (3)
Imara Noti á
Notiá Imara
Ipeju .

La magia y la vida. Teníamos la relación y la distribución de los bienes físicos, de los bienes morales, de los bienes de servicios. Y sabíamos trasponer el misterio y l a muerte con el auxilio de algunas formas gramaticales.

Pregunté a un hombre qué era el Derecho. El me respondió que era la garantía del ejercicio de la posibilidad.

Ese hombre se llamaba Galli Mathías ( 4). Me lo comí.

Sólo no hay determinismo donde hay misterio. Pero éso a nosotros, ¿qué nos importa?
Contra las historias del hombre que comienzan en el Cabo Finisterre. El mundo no registrado en fechas, no rubricado; sin Napoleón, sin César.

La fijación del progreso por medio de catálogos y aparatos de televisión. Sólo la maquinaria y los transfusores de sangre .
Contra las sublimaciones antagónicas, traídas en las carabelas,

Contra la verdad de los pueblos misioneros, definida por la sagacidad de un antropófago, el Visconde de Cairu : - Es la mentira muchas veces repetida- .

Pero no fueron cruzados los que vinieron. Eran fugitivos de una civilización que nos estamos comiendo, porque somos fuertes y vengativos como el Jabutí.

Si Dios es la conciencia del Universo Increado, Guaraci (5) es la madre de los vivientes. Jaci (6) es la madre de los vegetales.

No tuvimos especulación, pero teníamos adivinación; teníamos Política que es la ciencia de la distribución; y un sistema social-planetario.

Las migraciones. La fuga de los estados tediosos. Contra las esclerosis urbanas, contra los Conservatorios y el tedio especulativo.

De William James a Voronoff, La transfiguración del Tabú en tótem. Antropofagia.

El pater familias y la creación de la Moral de la Cigüeña: Ignorancia real de las cosas + falta de imaginación + sentimiento de autoridad ante la prole curiosa.

Es preciso partir de un profundo ateísmo para llegar a la idea de Dios. Pero el caraíba no lo precisaba, porque tenía a Guarací .

El objetivo creado reacciona como los ángeles de la caída. Después Moisés divaga. ¿Qué tenemos que ver nosotros con éso?

Antes de que los portugueses descubrieran el Brasil, el Brasil ya había descubierto la felicidad.

Contra el indio de candelero, el indio hijo de María, ahijado de Catalina de Médicis y yerno de Don Antonio de Mariz.

La alegría es la prueba del nueve. (7)

En el matriarcado de Pindorama. (8)

Contra la Memoria fuente de la costumbre, la experiencia personal renovada.

Somos concretistas. Las ideas dominan, reaccionan, queman gente en las plazas públicas. Suprimamos las ideas y las otras parálisis, por los derroteros; creer en las señales, creer en los instrumentos y en las estrellas.

Contra Goethe, la madre de los Gracos y la Corte de Don Joao VI.

La alegría es la prueba del nueve.

La lucha entre los que se llamaría Increado y la Criatura (ilustrada por la contradicción permanente del hombre y su Tabú. El amor cotidiano y el modus viventi capitalista. Antropofagia . Absorción del enemigo sacro, para formarlo en tótem, La humana aventura, la terrena  transfinalidad; pero sólo las élites puras consiguieron realizar la antropofagia carnal que trae en sí el más alto sentido de l a vida y evita todos los males identificados por Freud : males catequistas. El resultado no es una sublimación del instinto sexual, es la escala termométrica del instinto antropofágico. De carnal, él se torna electivo y crea la amistad. Afectivo, el amor. Especulativo, la ciencia. Se desvía y se transfiere.  Llegamos al envilecimiento. La baja antropofagia aglomerada en los pecados de catecismo- la envidia, la usura, la calumnia, el asesinato. Peste de los llamados pueblos cultos y cristianizados, es contra ella que estamos accionando.
Antropófagos.

Contra Anchieta cantando a las once mil vírgenes de l cielo, en la tierra de lracema -el patriarca Joao Ramalho, fundador de Sao Paulo-

Nuestra independencia aún no fue proclamada. Frase típica de Don Joao VI : -Hijo mío, pon esa corona en tu cabeza, antes que algún aventurero lo haga!

Expulsamos a la dinastía- Es preciso expulsar el espíritu bragantino, las  ordenaciones y el rapé de Maria da Fonte.

Contra la realidad social, vestida y opresora, constatada por Freud -la realidad sin complejos, sin locura, sin prostituciones y sin penitenciarías del matriarcado de Pindorama.

OSWALD DE ANDRADE

En Piratininga
Año 374 de la Deglutición del Obispo Sardinh a


(Revista de Antropofagia, Año I, N o 1, mayo de 1928 -
Sao P.aulo, Brasil

1) Designación genérica de los aborígenes del litoral brasileño.
2) Familia lingüística de los aborígenes del Brasil.
3) Invocación a la luna nueva.
4) Galimatías.
5) Madre del reino animal.
6) Madre del reino vegetal.
7) Se refiere a una operación aritmética.
 

Comentarios

Fernando escribió el 04-feb-2010 a las 22:22
Quiero compartir un texto de Juan José Saer extraido de la novela: "El Entenado". “No por ser el único posible, ni el mejor de todos, el mundo de los indios era más real. Aun cuando daban por descontado la inexistencia de los otros, la propia no era en modo alguno irrefutable. En todo caso, para ellos, el atributo principal de las cosas era su precariedad. No únicamente por su dificultad a persistir en el mundo, a causa del desgaste y la muerte, sino más bien, o tal vez sobre todo, por la de acceder a él. La mera presencia de las cosas no garantizaba su existencia. Un árbol, por ejemplo, no siempre se bastaba a sí mismo para probar su existencia. Siem¬pre le estaba faltando un poco de realidad. Estaba presente como por milagro, por una especie de tolerancia despectiva que los indios se dignaban acordarle. Se la concedían a cambio de cierto provecho utilitario: fru¬to, leña, sombra. Pero, en su fuero interno, sabían que la verdad efectiva de ese intercambio era bastante problemática. El árbol estaba ahí y ellos eran el árbol. Sin ellos, no había árbol, pero, sin el árbol, ellos tampoco eran nada. Dependían tanto uno del otro que la confianza era imposible. Los indios no podían confiar en la existencia del árbol porque sabían que el árbol dependía de la de ellos, pero, al mismo tiempo, como el árbol contribuía, con su presencia, a garantizar la existencia de los indios, los indios no podían sentirse enteramente existentes porque sabían que si la existencia les venía del árbol, esa existencia era problemática ya que el árbol parecía obtener la suya propia de la que los indios le acordaban. El problema provenía, no de una falta de garantía, sino más bien de un exceso. Y, además, era imposible salir de ese círculo vicioso y ver las cosas desde el exterior, para tratar de descubrir, con imparcialidad, el fundamento de esas pretensiones. Lo exterior era su principal problema. No lograban, como hubiesen querido, verse desde afuera. Yo, en cambio, que había llegado del horizonte borroso, el primer recuerdo que tengo de ellos es justamente el de su exterioridad, y verlos atravesar la playa, entre las hogue¬ras que ardían al anochecer, compactos y lustrosos, fue como saborear, por primera vez, el gusto de lo indestructible. Desde afuera, parecían al abrigo de duda y desgaste. En los primeros tiempos, me daban la impresión de ser la medida exacta que definía, entre la tierra y el cielo, el lugar de cada cosa. Después que sus fiestas espantosas pasaban, cuando se los veía gobernar, con rapidez y eficacia, la aspereza del mundo, podía pensarse, con toda naturalidad, que ese mundo estaba hecho para ellos y que en su interior los indios aún cuando pasaran por zonas de confusión, no desentonaban. A veces los contemplaba durante mucho tiempo, tratando de adivinar cómo vivían, desde dentro, esos gestos que lanzaban, en el centro del día, hacia el horizonte material que los rodeaba, y si esas manos tan seguras que aferraban hueso, madera, pescado, y que moldeaban el barro rojizo hasta darle la forma de sus sueños, nunca eran invadidas, en contacto con el aire ardiente, por ninguna vacilación. Pero sus ademanes eran mudos y no dejaban transparentar ningún signo. Parecían, como los animales, contemporáneos de sus actos, y se hubiese dicho que esos actos, en el momento mismo de su realización, agotaban su sentido. Para ellos, el presente preciso y abierto de un día recio y sin principio ni fin parecía ser la sustancia en la que, de cuerpo entero, se movían. Daban la impresión envidiable de estar en este mundo más que toda otra cosa. Su falta de alegría, su hosquedad, demostraban que gracias a ese ajuste general, la dicha y el placer les eran superfluos. Yo pensaba que, agradecidos de coincidir en su ser material y en sus apetencias con el lado disponible del mundo, podían prescindir de la alegría. Lentamente, sin embargo, fui comprendiendo que se trataba más bien de lo contrario, que, para ellos, a ese mundo que parecía tan sólido, había que actualizarlo a cada momento para que no se desvaneciese como un hilo de humo en el atardecer. Esa comprobación la fui haciendo a medida que penetraba, como en una ciénaga, en el idioma que hablaban. Era una lengua imprevisible, contradictoria, sin forma aparente. Cuando creía haber entendido el sig¬nificado de una palabra, un poco más tarde me daba cuenta de que esa misma palabra significaba también lo contrario, y después de haber sabido esos dos signi¬ficados, otros nuevos se me hacían evidentes, sin que yo comprendiese muy bien por qué razón el mismo vo¬cablo designaba al mismo tiempo cosas tan dispares. En gui, por ejemplo, significaba los hombres, la gente, nosotros, yo, comer, aquí, mirar, adentro, uno, despertar, y muchas otras cosas más. Cuando se despedían, empleaban una fórmula, negh, que indicaba también continuación, lo cual es absurdo si se tiene en cuenta que, cuando dos hombres se despiden, quiere decir que el intercambio de frases se da por terminado. Negh viene a significar algo así como Y entonces, como cuando se dice y entonces pasó tal o cual cosa. Una vez oí que uno de los indios se reía porque los miembros de una nación vecina lloraban en los nacimientos y daban grandes fiestas cuando alguno se moría. Le señalé que ellos, cuando se despedían, decían negh, y él me miró largamente, con los ojos entrecerrados, con aire de des¬confianza y de desprecio, y después se alejó sin saludar. En ese idioma, no hay ninguna palabra que equivalga a ser o estar. La más cercana significa parecer. Como tampoco tienen artículos, si quieren decir que hay un árbol, o que un árbol es un árbol dicen parece árbol. Pero parece tiene menos el sentido de similitud que el de desconfianza. Es más un vocablo negativo que positivo. Implica más objeción que comparación. No es que remita a una imagen ya conocida sino que tiende, más bien, a desgastar la percepción y a restarle contundencia. La misma palabra que designa la apariencia, designa lo exterior, la mentira, los eclipses, el enemigo. El horizonte circular, que me había parecido al principio indiscutible y compacto, era en realidad, tal como lo designaba el idioma de esos indios, un almacén de supercherías y una máquina de engaños. En ese idioma, liso y rugoso se nombran de la misma manera. También una misma palabra, con variantes de pronunciación, nombra lo presente y lo ausente. Para los indios, todo parece y nada es. Y el parecer de las cosas se sitúa, sobre todo, en el campo de la inexistencia. La playa abierta, el día transparente, el verde fresco de los árboles en primavera, las nutrias de piel tibia y palpitante, la arena amarilla, los peces de escamas doradas, la luna, el sol, el aire y las estrellas, los utensilios que arrancaban, con paciencia y habilidad, a la materia reticente, todo eso que se presenta, nítido, a los sentidos, era para ellos informe, indistinto y pegajoso en el reverso contra el que se agolpaba la oscuridad. Con dificultad, los indios chapoteaban en ese medio chirle y sentían, en todo momento, la amenaza de la aniquilación. Lo externo, con su presencia dudosa, les quitaba realidad. Y, a pesar de su carácter precario, el mundo era más real que ellos. Ellos tenían la desventaja de la duda, que no podían verificar en lo exterior. El universo entero era incierto; ellos, en cambio, se concebían como algo un poco más seguro; pero como ignoraban lo que el universo pensaba de sí mismo, esa incertidumbre suplementaria disminuía su autoridad. Todas estas elucubraciones eran para ellos mucho más penosas de lo que parecen escritas porque ellos, a pesar de que las vivían en carne y hueso, las ignoraban. Las vivían en cada acto que realizaban, con cada palabra que proferían, en sus construcciones materiales y en sus sueños. Querían hacer persistir, por todos los medios, el mundo incierto y cambiante. Malgastar una flecha, por ejemplo, era para ellos como desprenderse de un fragmento de realidad. Arreglaban todo, y siempre barrían y limpiaban. Cuando la inundación los corría tierra adentro, no bien el agua bajaba un poco, volvían a instalarse en el mismo lugar. Por precario que fuese, al único mundo conocido había que preservarlo a toda costa. Si había alguna posibilidad de ser, de durar, esa posibilidad no podía darse más que ahí. Lo que había que hacer durar era eso, por incierto que fuese. Actualizaban, a cada momento, aun cuando no valiese la pena, el único mundo posible. No había mucho que elegir: era, de todas maneras, ése o nada.” Selección: Marcela Depiera

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