
Introducción a “Los niños de la soja”
1.
“Imagine” (1)
“A veces las ideas, como los hombres, saltan y dicen: Hola!Estas ideas se presenta con palabras… ¿son palabras? Esas ideas hablan de formas extrañas. Todo lo que vemos en este mundo está basado en las ideas de alguien. Algunas son destructivas, algunas son constructivas. Algunas ideas pueden llegar en forma de sueño. Lo diré de nuevo… algunas ideas llegan en forma de sueño.” (2)
Ante la inminente recordación del bicentenario de los movimientos revolucionarios que dieron origen en el continente americano a los primeros gobiernos independientes de la Corona Española –abriendo perspectivas y sueños aún hoy inconclusos en nuestra región –, el Archivo Caminante plantea un ejercicio de memoria. Por un lado, memoria de las ideas y de las fuerzas que guiaron procesos encadenados históricamente: aquéllos enmarcados en la empresa de los Reyes Católicos de Castilla y Aragón, en la conquista y evangelización del entonces llamado “nuevo mundo” con sus continuidades y discontinuidades en la actualidad. Un acercamiento al funcionamiento de una maquinaria que supo (re)combinar la explotación económica de seres humanos y recursos naturales (genocidios y enriquecimientos) con el despliegue de un imaginario religioso y cultural. (Re) combinatoria solo posible a través de una particular práctica narrativa de creación y distribución de imágenes, con una precisa funcionalidad ideológica.

Este recordar propuesto (tarea que creemos necesaria y saludable, aunque no por ello purificante, terapéutica ni blanqueadora) nos conduce indefectiblemente a interpelar nuestro presente y a nosotros mismos, al interior de la posmodernidad y sus paradigmas políticos, económicos y culturales, condicionantes de nuestras vidas.
Por otro lado, nos interesa la memoria que simultáneamente es imaginación. Los recuerdos adquieren relevancia si nos permiten transportar como las mulas (animales perseverantes, con capacidad de transitar terrenos incómodos y peligrosos potencias y esplendores. Recuerdos que pongan en diálogo un lugar con otro, una persona con otra, una generación con otra, transportando aquello que aún no es, pero que puede ser.
Cerrando los ojos, podría intentar hacer visible un cuerpo de imágenes en el que las ideas libertarias y emancipatorias se hicieron carne en el territorio americano, actualmente argentino. Desde las resistencias de los pueblos originarios, los sucesos revolucionarios de Mayo de 1810 (fecha que en especial el Bicentenario evoca en mi país) y las posteriores guerras por la independencia, pasando por los enfrentamientos con Inglaterra y Francia a comienzos del siglo XlX y las disputas internas organizadas bajo la polaridad “civilización o barbarie” y sus sucesivos reciclajes. También las primeras organizaciones obreras anarquistas y socialistas a comienzos del siglo XX y el surgimiento de los movimientos sociales y políticos atravesados por las resonancias de las dos guerras mundiales: Radicalismo y Peronismo. Ya “al calor” de la guerra fría y de las dictaduras militares en el continente pero también de la Revolución Cubana, recuerdo el protagonismo y resistencia político-cultural de la juventud, los trabajadores y las organizaciones revolucionarias armadas durante los años ’60 y 70. Finalmente, tengo presente la lucha por la memoria, verdad y justicia respecto del terrorismo de Estado de las organizaciones de derechos humanos, y los nuevos protagonismos de los movimientos sociales resistentes al modelo neoliberal. Podría intentar también rastrear aquéllos sueños y su afán libertario al interior de las metáforas que habitan múltiples obras de arte en la historia cultural argentina.
2.
“Se aprobaron las siguientes mociones: no dejar pasar camiones con cereal al puerto, ganado en pie ni productos lácteos elaborados; no molestar a turistas y ciudadanos comunes en tránsito; reforzar los piquetes en los anillos delos puertos, y tratar de persuadir a los camiones para que vuelvan y no queden estacionados frente a los piquetes.” (3)
Pese a lo enumerado, una imagen bien distinta a ese cuerpo vivo se dibuja hoy. Aquellas luchas estuvieron organizadas por nociones y formas nacionales, estatales, también de clase y anticapitalistas.
Muy distinto es el contexto actual para pensar-imaginar la dimensión de la histórica polaridad “liberación o dependencia” que condensa las alternativas revolucionarias. ¿Qué significan hoy estos términos? ¿Tienen vigencia? Además de su costado estrictamente político y económico, surgen nuevas preguntas acerca de las relaciones de contenido y forma que estos conceptos nos proponen, y del rol que las imágenes artísticas podrían cumplir en la conformación de nuevos imaginarios emancipatorios, por fuera de los nacionalismos y a la estatalidad sin más.
De modo perverso, el discurso hegemónico de la globalización considera en simultáneo a los Estados nacionales, pensándolos obsoletos por un lado, con sus esferas de acción sumamente disminuidas frente a las corporaciones transnacionales (al menos hasta el inicio de la crisis económica estadounidense a mediados de 2008, este punto de vista no admitía cuestionamientos) y, por otro, son ellos mismos los que continúan siendo la justificación de carreras armamentistas, tráfico de armas, guerras y xenofobias que transforman a las fronteras en barreras cada vez más herméticas. Pero también y por sobre todo, el capitalismo global continúa precisando de ellos como herramienta última, garante de la propiedad privada y la declamada “seguridad jurídica” imprescindibles para el funcionamiento del libre mercado. En este contexto, la imagen que propongo para hacer visibles a los actuales Estados nacionales en su conjunto es la de una pesada flotilla de camiones.

Camiones en cuyas paredes laterales bien podrían leerse aquella histórica consigna de “liberación o dependencia”, pero también cualquiera o ninguna. Este conjunto de pesados vehículos está (de modo transparente y opaco a la vez) al servicio de intereses ligados al mercado y al tráfico. Circulación controlada y bajo peaje de mercancías, tomando estas últimas todas las formas y combinaciones que se nos pueda ocurrir, inclusive la de seres humanos. Por cierto, no escapan a esta condición las prácticas artísticas, las artes visuales, la cultura.
3.
“El mapamundi que nos enseñaron otorga dos tercios al norte y un tercio al sur. Europa es, en el mapa, más extensa que América Latina, aunque en realidad América Latina duplica la superficie de Europa. La India parece más pequeña que Escandinavia, aunque es tres veces mayor. Estados Unidos y Canadá ocupan en el mapa más espacio que África y en la realidad apenas llegan a las dos terceras partes del territorio africano. El mapa miente. La geografía tradicional roba el espacio, como la economía imperial roba la riqueza, la historia oficial roba la memoria y la cultura formal roba la palabra.” (4)
El recuerdo de los movimientos revolucionarios que liberaron a la región sudamericana durante el Siglo XIX pone en evidencia que la acción de liberación no ha llegado a su fin y que los procesos coloniales tampoco, aunque hayan mutado sus formas. ¿Qué significa hoy ser libres para los pueblos del mundo? ¿Qué nos muestran hoy los mapas? ¿Existen el colonialismo y el imperialismo? ¿Qué fue del neocolonialismo? ¿Cuáles son las formas post-coloniales?
La “acumulación originaria” capitalista ligada al proceso colonial a través de una gigante transferencia de riquezas, su concentración y acumulación en Europa, continúa hoy vigente a partir de una variedad de mecanismos cuyo principio de funcionamiento y origen, tal como plantea la tesis de este trabajo colectivo, podríamos llamar “Principio Potosí”: un principio que centralmente se organiza a partir de una determinada relación entre los humanos y la tierra, entre el hombre y la naturaleza.
Los mapas de la globalización muestran hoy en el territorio de la Argentina que el neoliberalismo, imperante entre 1989 y 2001 de modo salvaje, ha concretado muchos de los objetivos que la maquinaria científica-industrial-militar de los países desarrollados del mundo “occidental y cristiano” y sus aliados locales (militares golpistas, oligarquías, elites sociales y una Iglesia activa políticamente, todos ellos sin respeto por las mayorías) tuvieran desde fines de la segunda guerra mundial hasta la caída del muro de Berlín. Uno de esos objetivos fue el desarrollo de un proceso de “agriculturización” que incluyó un combo especial: la implantación del método de siembra directa que permitió la expansión de la frontera agraria, la incorporación de nuevas tecnologías (biotecnología, agrotóxicos y maquinarias agrícolas de precisión) y por último, nuevas combinaciones de formas de propiedad de la tierra.
La consecuencia más evidente de este proceso de agriculturización en la Argentina es la llamada “sojización” del país.

La sojización ha transformado al país en el tercer productor mundial de soja y sus derivados, segundo productor mundial de soja transgénica (luego de los EE.UU.) y primer exportador mundial de harina y aceite de soja. El 50% de la superficie total cultivada en Argentina es soja y el 90% de esa superficie es de soja transgénica
RR de Monsanto y sus representantes locales. Este sistema agrícola y sus resultados sólo son posibles con la utilización del herbicida Roundup, nombre comercial del glifosato de Monsanto. En la campaña 2007-2008 se arrojaron sobre las tierras argentinas 180.000.000 de litros de glifosato, convirtiendo al país (en palabras de Andrés Carrasco, director del Laboratorio de Embriología Molecular del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y14 Técnicas / CONICET y Profesor de Embriología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, en “casi un experimento masivo” desde el punto de vista ecotoxicológico. Este territorio, a su vez, es parte de una nueva forma reconocible en los mapas de Sudamérica: la “república de la soja”, una nueva “república” creada para una publicidad de la multinacional Syngenta que barre con las fronteras de algunos de los estados nacionales que celebran sus bicentenarios en 2010, abarcando parte de Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Brasil. No está demás recordar que “syngenta” –¿cínicamente?– significa “reunión de pueblos”.
4.
“Oligarcas, sojeros y golpistas.” (5)
“Cristina K, Montonera, Resentida, Mentirosa, Revanchista, Atea y Grasa.” (6)
Antes de comenzar mi trabajo para la instalación “Los niños de la soja”, mi práctica artística ya se había aproximado al imaginario agrícola. Entre los meses de junio de 2007 y febrero de 2008 residí por primera vez fuera de mi país, en las ciudades alemanas de Berlín y Chemnitz. Allí desarrollé una investigación primero y una serie de caminatas y recorridos luego, “tras los pasos de los Hombres de Maíz”. Ese fue el título de mi última obra, un tríptico formado por una instalación, un film y una publicación.
Los Hombres de Maíz son los protagonistas centrales del Popol Vuh, narración mítica de autor anónimo acerca de la creación de la humanidad por los dioses Quichés mayas. Ellos fueron una imagen de suma importancia en aquél trabajo para encarnar los modos de construcción e imaginación colectivas, no individuales ni individualistas.
En el mito, los Hombres de Maíz se caracterizan por su visión profunda y por estar juntos, evitando el desamparo. Su mirada y su estar juntos fueron los rasgos que les permitieron sobrevivir a las desgracias de la vida cotidiana. También esa imagen habían estado presente, pero solo como un dibujo en la pared, en la instalación “El Parque Problema”, obra realizada en 2006 para la última etapa del proyecto ExArgentina, la muestra “Lanormalidad”, en aquélla ocasión como metáfora de los colectivos sociales y culturales que en habían resistido al modelo neoliberal de los ’90.
A mediados de 2007 yo había dejado la Argentina gobernada por Néstor Kirchner y si bien la realidad daba señales claras de la injusticia social aún reinante y de los desafíos ante la nueva coyuntura global, parecía existir cierta credibilidad y consenso social en torno a su gestión. De hecho, en diciembre del mismo año, su esposa Cristina Fernández de Kirchner, luego de triunfar en las elecciones presidenciales, asumiría el gobierno, convirtiéndose en la primera mujer electa Presidente de la historia. Sin embargo, a poco de iniciar su mandato, finalizado el verano argentino, el 11 de marzo de 2008 y tras el anuncio gubernamental del establecimiento de un nuevo esquema de retenciones a la exportación de cereales y sus derivados, se iniciaría un conflicto agrario cuyas derivaciones adquirieron una violencia social inesperada. Yo había regresado en febrero de 2008 y esa violencia me tomó por sorpresa o al menos, bajo los efectos de mi primer distanciamiento con la sociedad argentina.

Durante poco más de cuatro meses el gobierno kirchnerista y los representantes de las corporaciones agrarias debatieron el nuevo impuesto a través de los más diversos modos: con la utilización por parte de la Mesa de Enlace (alianza de la Sociedad Rural Argentina, la Federación Agraria Argentina, las Confederaciones Rurales Argentinas y la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa, más sus aliados políticos) del método piquetero de corte de rutas en todo el país, arrojando alimentos al pie de los camiones, impidiendo la circulación de los mismos y los embarques en los puertos, creando el consecuente desabastecimiento alimenticio, quemando tierras con el argumento de que serían para ganado generando espesas cortinas de humo sobre las ciudades de Rosario y Buenos Aires, con el soporte estratégico del fogoneo del conflicto por parte de casi todos los medios masivos de comunicación, con discursos de la presidenta en cadena nacional, movilizaciones y actos masivos, muy pocos encuentros y diálogo entre los representantes oficiales y la alianza opositora y una definición parlamentaria muy ajustada.
çEl conflicto movilizó a grandes ciudades (Buenos Aires, Rosario, Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba, Tucumán) pero también a los pueblos del interior de las provincias, y puso en jaque al gobierno, quién finalmente decidió enviar las retenciones a votación del Congreso Nacional. El 16 de Julio de 2008, en una votación que debió ser desempatada por el vice-presidente de la Nación, Julio Cobos y su “voto no positivo” (un hito en la historia argentina de la conducta de los vice-presidentes, votando en contra de su alianza de gobierno), el sistema de retenciones móviles propuesto en marzo, quedó sin efecto.
Fue aquél inesperado y tenso contexto el que disparara mi interés por el proceso de sojización, pues el conflicto tornaba evidente sus implicancias profundas. El rizoma de la soja se hunde en la realidad económica argentina, pero desde allí organiza nuevas alianzas políticas y, por sobre todo, modifica intensamente la estructura social y cultural del país. Comienzo formular algunas preguntas: ¿existe una cultura transgénica al interior del semiocapitalismo? ¿La sojización modifica la cultura y la sociedad o es al revés, solo con la existencia de una cultura transgénica es posible la sojización?
5.
“Con la expresión semiocapitalismo defino el modo de producción predominante en una sociedad en la que todo acto de transformación puede ser sustituido por información y el proceso de trabajo se realiza a través de recombinar signos.
En sus formas tradicionales, la actividad semiótica tenía como producto específico el significado, pero cuanto la actividad semiótica se vuelve parte del ciclo de producción de valor, producir significado no es ya la finalidad del lenguaje.” (7)
“Transgen: Gen que ha sido transferido de un organismo a otro.” (8)
“Un imaginario vinculado al repertorio escolar, una tendencia a la manualidad; un armar perfecto, ajustado y pulcro; el gusto por pegar, recortar, plegar, hacer collages; una obsesión por la repetición y el uso de iconografías relacionadas con lo infantil, los juegos para chicos, los libros de cuentos, los manuales de lecturas escolares, los mapas, las figuritas; un misterio poético, cierta ternura y belleza, una tensión entre el individualismo y el apiñarse, estar solo y en muchedumbre, todos modos característicos de la escuela.” (9)
“Los artistas fundadores obtuvieron diversos apoyos en instituciones y donantes internacionales así como algunos locales, siendo su trabajo personal de gestión realizado ad honorem.” (10)
¿Cuáles son las condiciones de la cultura transgénica para que el proceso de sojización sea posible? ¿Existe una relación “recombinante” entre economía y cultura? ¿Qué paradigma de artista y qué institucionalidad cultural precisa el modelo sojero? ¿Qué tipo de imágenes y de lenguaje?
El proyecto Principio Potosí tiene entre sus puntos de partida una reflexión sobre la pintura colonial relacionada con la Villa Imperial de Potosí y de las comunidades de origen de sus trabajadores migrantes (mitayos) entre los siglos XVI y XVIII. Preguntas acerca del rol de la producción de imágenes artísticas al interior de los procesos de enriquecimiento y acumulación de capital al interior de las rutas de extracción de oro y plata en aquél momento. A través de un diálogo concreto con una selección de pinturas coloniales, intentamos interpelar a la producción artística contemporánea y su rol legitimador de elites en la globalización. Autointerpelarnos, claro.

La pintura colonial con la que he estado dialogando para la realización de la instalación “Los niños de la soja” es una pintura de autor anónimo, del Siglo XVII, que se encuentra actualmente en la Casa de la Moneda de Potosí, Bolivia, y representa un momento en la vida de San Idelfonso. Es un óleo sobre tela, de composición casi simétrica, dividida en dos campos (celestial y terrenal). En la dimen- sión celestial, San Idelfonso recibe su casulla de manos de la Virgen María en recompensa por su defensa del dogma de la Inmaculada Concepción, cuyo tratado expuso en los Concilios de Toledo, España, en los años 653 y 655 d.C.. Dos vírgenes acompañan la escena: Santa Lucía y Santa Leocadia. La primera vació sus ojos para proteger su virginidad y los lleva en un plato. La segunda fue una mártir-virgen durante la época de persecución de los cristianos por los musulmanes.
Debajo, en la dimensión terrenal, diferentes escenas se desarrollan en un paisaje de extrañas plantas. Allí, en una naturaleza “artificial”, con plantas fuera de escala casi alienígena, vemos episodios en la vida de dos frailes, un Dominico y un Franciscano. También vemos el retrato del donante de la pintura, rezando. Al fondo del paisaje, que incluye animales, piedras y un río, vemos un puente, y algo así como una ciudad de Dios (los historiadores hablan de una metáfora de la ciudad de Jerusalén).
Ambas órdenes religiosas (Dominicos y Franciscanos) cumplieron tareas evangelizadoras en América del Sur, complementándose a pesar de tener posiciones distintas frente al sincretismo. Los Dominicos siendo parte de la Santa Inquisición, lo persiguieron intentando su aniquilación. Los Franciscanos en cambio, eran tolerantes con las nuevas (re)combinaciones, siempre en condiciones subordinantes, por supuesto. La concurrencia de ambas posturas puede verse en las escenas que ocurren en el cuadro, ya que ambos frailes caminan, recorren el paisaje por separado y juntos, se encuentran y se dan la mano amigablemente encima de un puente. Además de la evangelización de los indígenas, otra labor unía el accionar de los sacerdotes en América: la indagación, captura y traslado a Europa de los conocimientos que las culturas originarias poseían de la tierra, los astros, la agricultura y ganadería, entre otros, al tiempo que desplegaban una lucha contra las “idolatrías”, imponiendo nuevas relaciones con la naturaleza. Son un tanto perturbadoras las figuras de los monjes de mayor tamaño. El Dominico, arrodillado, se autoflagela, mientras que el Franciscano, apoyado sobre una piedra, atraviesa un éxtasis místico. Me interesó este trabajo por dos motivos. El primero era la presencia de la naturaleza. Pero… una naturaleza enrarecida, extrañada, artificial. Efecto que generan sobre todo las plantas, que se supone fueron pintadas por un artista europeo que no las conocía de modo directo. La máquina (nombrada anteriormente) de la empresa de conquista y evangelización promovió una producción seriada de cuadros que eran realizados en parte en Europa (sobre todo los fondos) y finalizados en América (sobre todo los personajes). El segundo fue la presencia fantasmal del anónimo pintor andino. ¿Qué habría sentido en su fuero íntimo a la hora de crear y desarrollar sus
imágenes? ¿Qué tipo de indicios podría descubrir en su pintura?
6.
El Archivo Caminante realiza entonces un viaje hacia el opaco mundo que transcurre debajo de las extrañas plantas transgénicas de la soja en Argentina, en busca de sus habitantes, de sus formas y estructuras, de sus lenguajes y narrativas, de las fuerzas que se arremolinan en torno al rizoma sojero. A la manera de “Los viajes de
Gulliver”, intento hacer visibles algunos de los recorridos que los camiones-estados-naciones (mientras se “festeja” el Bicentenario de la existencia de muchos de ellos) realizan a través de las rutas de la cadena sojera, aquéllas que dan forma a una nueva división internacional del trabajo y una nueva política alimentaria al interior del semiocapitalismo global.

Naturaleza y religión, ciencia y guerra. Industria, trabajo y arte. Conceptos, saberes y actividades en reformulación hoy, al interior de la crisis financiera, económica y social del capitalismo norteamericano primero y sus reverberancias globales, luego. Sin embargo, en medio de las dudas e inseguridades, pareciera que una condición cultural envolvente y articulante es imprescindible para que el Principio Potosí no pierda fuerzas: la infantilización social.

En el campo cultural argentino, especialmente en las artes visuales, las estéticas ligadas al “escuelismo” (la influencia del período escolar primario en las prácticas artísticas, en palabras del citado curador del Malba) y el trabajo artístico sin honorarios (la gestión y participación en proyectos culturales siempre ad-honorem), sumados a la ausencia de una política de adquisición de obras por parte de las instituciones públicas y los escasos recursos que la cacareada ley de mecenazgo aporta al sistema de producción, serían algunos modos que la infantilización adopta. Un paso lógico de la normalización post- crisis 2001, teniendo en cuenta el silencio de los corderos de las prácticas artísticas hegemónicas y de sus soportes teóricos e intelectuales ante el desguace estatal y el saqueo de los ’90. Solo hace falta echarse una mirada despierta a las redes que ligan hoy (y entonces) artistas, intelectuales, gestores, funcionarios e instituciones (públicas y privadas) de cada período para verificar qué tipo de arte desean las elites dominantes. En la cultura transgénica: ¿el arte deviene commodity?
(1) Palabra junto al logo oficial de la empresa norteamericana Monsanto.
(2) Mujer del Leño / Log Lady, sentencia introductoria al Capítulo 2 de la serie “Twin Peaks”, David Lynch, 1990.10
(3) Eduardo Buzzi, presidente de la Federación Agraria Argentina, declaraciones en la asamblea de Santa Teresa, provincia de Santa Fé, 20/3/2008. En Osvaldo Barsky-Mabel Dávila, “La rebelión del campo, historia del conflicto agrario argentino”, Ed. Sudamericana, 2008, p.247.12
(4) Eduardo Galeano, “Patas arriba, la escuela del mundo al revés”, Ed. Catálogos, 1999, p.323.13
(5) Graffiti pintado en una pared de la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fé, durante el conflicto
agrario de 2008.
(6) Volante pegado en las inmediaciones de la quinta presidencial de Olivos, provincia de Buenos
Aires, durante el conflicto agrario de 2008
(7) Franco Berardi Bifo, “Generación Post-Alfa, patologías e imaginarios en el semiocapitalismo”,
Tinta Limón, 2007, p.107-108.
(8) http://www.monsanto.com.ar/prensa/glosario.aspx
(9) Texto sin firma curatorial de la muestra “Escuelismo, arte argentino de los ‘90”, realizada entre
el 13/6 y el 3/8 de 2009. Parte del Comunicado de prensa del Malba-Fundación Costantini.
10. http://www.ciacentro.org/quienes_somos