
Reflexiones sobre la muestra
“El largo camino a casa”
en el Museo de la Memoria de Rosario
Hace tres semanas, algunos integrantes de WKTK visitamos la muestra “El largo camino a casa” en el Museo de la Memoria de Rosario.
Todavía se sostenía en nosotros la alegría del 23 de marzo cuando en el edificio de Córdoba y Moreno dejó de funcionar el bar temático, resabio de la última dictadura cívico militar. Y se recibieron las llaves para que allí funcione el museo.

Sin dejar nuestra actitud de “sospecha” a como la realidad se presenta dentro de las paredes de lo institucional, habíamos decidido hacer una crónica a dos voces, intentando reflejar los puntos de vista dos generaciones.

Es difícil hacer un relato del vacío.

Estuvimos debatiendo sobre si tenía sentido hacer la nota. Decidimos hacerla simultáneamente con una entrevista a Rubén Chababo, actual director del Museo.
En su prolijidad híbrida, la muestra refleja haber sido hecha a los apurones. O con desidia.

“El largo camino a casa” es deshonesta con su título. En la misma no se ve el camino desarrollado por el Museo de la Memoria de Rosario en sus casi diez años de vida. No se reflejan los hechos positivos ni los que se pueden criticar.

No se manifiesta el debate producido dentro del campo popular sobre los modos y objetivos del Museo.
Se desconoce que el mismo Museo ya empieza a formar parte de nuestra historia reciente.
Se le da más importancia al edificio en sí, (la casona de Moreno y Córdoba) que a la razón de su existencia: la construcción de nuestra memoria.

Quienes nacieron en democracia, construyen la memoria con los relatos que les llegan, con los que buscan y con los que también reclaman.
Se mueven entre voces, que se acompañan y se chocan, buscando formar su propia manera de ver y entender las cosas. Y en esa búsqueda esperan más de instituciones como el Museo de la Memoria, porque en ellas pretenden encontrar reflejado hoy el compromiso que muchos tuvieron en épocas donde todo estaba en juego.

El desafío en la construcción de una nueva sociedad es no repetir los crímenes de la sociedad actual.
Hay distintas formas de violencia y el Estado de Derecho siempre muestra su hipócrita cara de ángel. Pero los ángeles no existen y el derecho es un acuerdo del crimen entre opresores y oprimidos. Hasta acá se puede, hasta acá no se debe.
A lo largo de la Historia vemos que crímenes como la esclavitud, la pena de muerte, la igualdad ante la ley, las persecuciones religiosas o la discriminación racial fueron tolerados, admitidos y promovidos por las sociedades en distintos momentos.
El estado de derecho sólo es una convención circunstancial sobre los límites del crimen. La injustica más practicada por la sociedad contemporánea no tiene el carácter de delito y sólo es atenuada por algunas leyes laborales que no siempre se cumplen. Ese crimen es el de la explotación del hombre por el hombre, que es el motor ideológico de los genocidios del pasado y del presente.
La mayoría de los compañeros que fueron víctimas del terrorismo de estado de la última dictadura cívico militar trataban de construir una sociedad donde el hombre no fuera el lobo del hombre. Quienes nacieron en democracia buscan comprender ese momento de la Historia para construir la propia.
¿De qué hablamos cuando hablamos de memoria?
(1) Esta nota se complementa con
Entrevista a Rubén Chababo: Es posible narrar el terrorismo de estado desde una institución estatal
Imágenes de Archivo WKTK