
Primer capítulo de "Los niños de la soja"
proyecto de investigación artística
Naturaleza, fertilidad y desarrollo
1.
“El mundo, sus continentes, sus océanos y sus polos conocen importantes dificultades globales: el calentamiento global, la contaminación, la desaparición lenta pero segura de recursos energéticos y biodiversidad mientras aumenta el hambre y la pobreza en todos los países, fragilizando nuestras sociedades. Hacer de los migrantes, que sean documentados o no, los chivos expiatorios de estos problemas globales, no es ninguna solución. No corresponde a ninguna realidad. Los problemas de cohesión social que sufre Europa no son culpa de los migrantes, sino el resultado del modelo de desarrollo impuesto por el Norte, que destruye el planeta y desmiembra las sociedades de los hombres.” (11)

A lo largo de la historia las comunidades han definido uno o diferentes modos de relación con la tierra. Ya nómades o sedentarias, ellas establecen, a través de esas relaciones, un domicilio existencial. Los vínculos con la tierra proponen entonces operaciones retóricas en la geografía: señalamientos, demarcaciones, apropiaciones, jerarquizaciones. A través de estas operaciones, las personas generamos, siempre colectivamente, categorías y formas espaciales que nos ligan a otros. En el transcurso de esta labor se despliegan múltiples y diversos universos simbólicos o cosmovisiones (tantos como comunidades existan), que son fruto de la interacción de diferentes lenguajes (verbales, corporales, sonoros, escritos, visuales) e informan de los lazos deseables con la naturaleza, los animales, las plantas y claro, con las otras comunidades.
En simultáneo a esa creación espacial, se construye también colectivamente otra forma social, el tiempo, la trama cuyos hilos nos unen con el pasado, el presente y el futuro. Con los dioses, los ancestros y la muerte. En los ritos, los mitos y las leyendas, en las canciones y cuentos populares de las comunidades, pero también en el vivir cotidiano, en la forma de sus viviendas, en los usos y costumbres, la alimentación, podemos encontrar los indicios de esas cosmovisiones.
Distintas cosmovisiones se pusieron en contacto al momento del “descubrimiento del nuevo mundo” por parte de los adelantados españoles y los misioneros que los acompañaron. Entre ellos y las culturas originarias americanas imaginarios diferentes se acercaron hasta chocar. No fue un contacto amigable, por cierto. Para la alianza de los Reyes Católicos y la Iglesia Católica Apostólica Romana, luego de que un espacio geográfico desconocido fuera explorado y dominados sus pobladores, luego de mapearlo y por ello tornarlo controlable y mensurable, debía imponerse la organización territorial-política que habilitase el uso de los recursos naturales y humanos allí presentes, su explotación. Las operaciones político-culturales para semejante maniobra giraron en torno a vínculos estrechos entre religión-arte, trabajo-industria, ciencia-guerra y se orientaban hacia objetivos claros: progreso, desarrollo, avance tecnológico, libre mercado. Sin olvidarse de la “salvación de las almas”, guiando “hacia la luz” a millares de seres que habitaban las tinieblas. Las generaciones futuras (los niños de entonces) verían los resultados. Casi con las mismas palabras, aunque con formas bien distintas, se organiza el programa semiocapitalista actual.

Para las comunidades originarias, las relaciones entre almas y cuerpos, ancestros y dioses, naturaleza y economía, arte y trabajo, incluso política y guerra, eran otras. ¿Qué energías de esas distintas formas de estar en el mundo sobrevivieron y se hicieron presentes en las luchas revolucionarias de los movimientos sociales que hace 200 años dieron origen a los nuevos estados nacionales y repúblicas americanas? ¿Fue posible para esas cosmovisiones desplegarse luego de las ansiadas “independencias”? ¿Tienen esos imaginarios espacio en nuestro vivir actualmente?
2.
“Se cortó la cabeza de Supremo Maestro Mago. Que se ponga su cabeza en el árbol que está en el camino… Cuando se fue a colocar la cabeza en el medio del árbol, entonces el árbol dio frutas…” (12)
“Ver al mundo con ojos bien abiertos es comenzar a descubrir los dogmas que ya no funcionan. Los mitos que se llevó el tiempo. Y asistir al vibrante nacimiento de nuevos paradigmas.” (13)
Los antiguos pobladores de lo que luego sería el “Virreinato del Perú” creían que los primeros habitantes de los ayllus, pueblos andinos, surgían del interior de la tierra por orden de los dioses, en particular de Viracocha. Antes de ser humanos ellos eran piedras o rocas del mundo subterráneo y desde allí salían a poblar el mundo de la superficie terrestre, surgiendo por sitios especiales, denominados Pacarinas. El vínculo que se originaba en esta situación entre los miembros del ayllu era poderoso perdurando de generación en generación. Las Pacarinas podían ser cerros, cuevas, volcanes, ríos, manantiales, lagunas, lagos o incluso el mar. El lago Titicaca fue una de las más importantes del Imperio Incaico. Me interesa mucho esta imagen, que nos hace salir de la tierra.
La economía andina era predominantemente agrícola. Organizada a través de distintas y sofisticadas técnicas, se producían diversos productos, aprovechando al máximo la tierra, aún en condiciones geográficas y climáticas adversas. Los productos agrícolas más importantes fueron la papa y el maíz (que fueran llevados a Europa) pero también batatas, ajíes, algodón, tomate, maní, oca y quinoa. La ganadería era otra actividad central en los Andes. Los camélidos eran domesticados y su crianza servía a diversos fines: alimentación, abrigo y vestimenta, transporte. Criaban también patos y cobayos.
La anterior breve reseña me permite introducir una segunda imagen, atractiva a la hora de repensar hoy ideas y conceptos económicos. Esta imagen es el Ekeko. El Ekeko era una deidad venerada (12) desde muchos siglos antes de la llegada de los españoles, de origen aimara-coya, a la que se rendía culto durante el solsticio de verano.

Sus seguidores creían que ahuyentaba la desgracia y atraía la fortuna. Luego fue adoptada por los Incas, que la consideraron Dios de la abundancia, la fertilidad, el crecimiento y la alegría. En sus inicios, era representado por una figura de piedra, de rasgos indígenas, jorobado y sin ninguna vestimenta, pues su desnudez era símbolo de fertilidad.
En 1612, el sacerdote Ludovico Bertonio la define de este modo: “Ecaco, I. Thunnupa. Nombre de uno de quien los indios antiguos cuentan muchas fábulas y muchos aún en estos tiempos las tienen por verdaderas y así sería bien procurar deshacer esta persuasión que tienen, por embuste del demonio. Dios fue tenido destos indios vno a quien llamauan Tunuupa, de quien cuentan infinitas cosas, dellas muy indignas no solo de Dios, sino de qualquier hombre de razón, otras tiran algo a los misterios de nuestra fé... En otras tie- rras, o provincias del Perú le llaman Ecaco.”(14)
En 1781, en La Paz, luego de la rebelión indígena liderada por Tupac Katari, las autoridades coloniales retomaron su culto en un intento “normalizador”, aunque con cambios. La imagen de la estatuilla adquirió, con el tiempo, los rasgos de un mestizo sonriente, ligeramente obeso, vestido y cargando bultos de alimentos y objetos de primera necesidad. También posee un orificio para poder ponerle cigarrillos encendidos, que el Ekeko fuma. Erradicar las “idolatrías” de origen demoníaco fue una de la tareas centrales de la Santa Inquisición, cumpliendo un rol muy activo a la hora de la imposición de la nueva religión católica en territorio americano. Sin embargo, el Ekeko sobrevivió.
Actualmente existe en los países andinos la creencia de que él puede conceder la concreción de los deseos de sus fieles a partir de la ofrenda de alasitas, miniaturas de diversos materiales que reproducen aquéllo que se espera conseguir: casas, automóviles, electrodomésticos, maquinarias, dinero, alimentos, ropa, amor. El Ekeko y su ritual de las alasitas retoman la ceremonia de las ofrendas a la Pachamama. Dicho ritual es transportado por los migrantes andinos a diversas partes del mundo.
El Ekeko nos introduce en las nociones de crecimiento, abundancia y fertilidad. El crecimiento no conlleva necesariamente “aumentos de producción”, tampoco “de consumo”. Sí, en cambio, evitar el desamparo. La abundancia no significa cantidad, sino multiplicidad, diversidad. Tampoco crecimiento significa “desarrollo” o “progreso”, sí poder seguir reproduciéndose, ser fértiles. Modos de estar en la naturaleza, no de desafiarla.
¿Cuáles son los objetivos de la biotecnología y la manipulación genética de las especies? ¿Cuáles son las consecuencias de la eliminación de ecosistemas y del desmonte indiscriminado? ¿Cuáles son los vínculos con la naturaleza de los promotores de los agronegocios? ¿Quién garantiza la alimentación de los pueblos en
el semiocapitalismo global?
3.
“Todos los ciudadanos, de aquí en adelante, serán conocidos por la denominación genérica de negros” (15)
“Los gases de efecto invernadero que se emiten hacia la atmósfera parecieran no existir en el día a día, aún a pesar de que los seres humanos somos responsables de gran parte de su generación. Esta percepción podría empezar a formar parte del pasado ya que 18 de junio pasado el Deutsche Bank Asset Management (DeAM) inauguró un contador que calcula en tiempo real los gases presentes en la atmósfera en pleno Nueva York, una de las ciudades más contaminantes del mundo. Al momento de su activación, según el sitio oficial, el artilugio registro 3.64 trillones de toneladas de gases de efecto invernadero con un crecimiento de 2 mil millones de toneladas por mes.” (16)

En Buenos Aires, en los últimos años del período colonial, fue una fábrica de jabones (en día cínico podría pensarla como una metáfora ético-económica nacional) el lugar en el que se reunían los protagonistas de las inminentes luchas revolucionarias de mayo de 1810. La “Jabonería de Vieytes” estaba ubicada en Tacuarí y Venezuela, actual barrio porteño de Monserrat. Eran sus dueños Juan Hipólito Vieytes y Nicolás Rodríguez Peña, importantes actores políticos en los años del primer gobierno patrio. El primero era un importante comerciante, editor del “Semanario de Agricultura, Industria y Comercio”, publicación que intentaba difundir el pensamiento reformista ilustrado europeo en el Río de la Plata. La publicación de Vieytes, que contaba con el auspicio del Real Consulado de España (!) circuló entre 1802 y 1807, año en el que dejó de imprimirse debido al clima reinante ante las invasiones inglesas en Buenos Aires. Entre sus columnistas se encontraba Manuel Belgrano, héroe de la Independencia y creador de la bandera nacional. Ambos intentaron impulsar a través del semanario las ideas de libre comercio de Adam Smith y la “buena utilización de la tierra”, fomentando especialmente la actividad agrícola, siguiendo las ideas fisiócratas.
Es interesante recordar que en tiempos cercanos, entre 1791 y 1804, se había producido la Revolución Haitiana, la primera revolución del continente americano, que terminó con la esclavitud y sentó bases distintas a las formas precapitalistas de producción existentes en las colonias hasta ese momento. Dicho movimiento social fue protagonizado por los antiguos esclavos negros (lo que la diferencia de la revolución burguesa francesa, y también de las posteriores revoluciones sudamericanas) y entre sus primeras medidas de gobierno decretó la reforma agraria.
4.
“El cuero fue la primera mercancía de la larga cadena que constituiría la estructura productiva pampeana. Se inició a comienzos del siglo XVIII y durante un largo período fue el soporte material del desarrollo de la burguesía pampeana, aquella que protagonizaría la Revolución de Mayo. Ya comenzada la etapa de la independencia, la producción de cueros va a ser reemplazada por la del tasajo, saladero mediante. A fines del ciclo del cuero, la “cacería” de animales salvajes había dado paso a la aparición de la estancia ganadera, proceso que se refuerza con el auge del saladero.
Una nueva transformación productiva y una nueva reestructuración de la estancia, se producen con la aparición de la economía lanar, cuyo ciclo va a abarcar unos cuarenta años entre 1840 y 1880.” (17)
“…la acumulación de capital presupone la existencia de capital. Para ‘invertir’ en medios de producción es necesario que éstos se encuentren disponibles: que la tierra, por ejemplo, pueda comprarse y venderse libremente, pero que también haya obreros a los que ocupar.” (18)
La transformación de la sociedad feudal se había desarrollado de formas diversas en Europa, pero todas tenían algo en común: el punto de partida de dichos cambios ocurría en el mundo agrario para luego desplegarse en el conjunto de la vida social. A mediados del S.XIX la acumulación originaria había culminado en Inglaterra y Francia y comenzaba en España, Italia, Rusia, Alemania.

A mediados del mismo siglo, el 3 de febrero de 1852, el Ejército Grande, una coalición de fuerzas de las provincias de Corrientes y Entre Ríos, de Uruguay y del Brasil al mando del gobernador de Entre Ríos, Justo José de Urquiza, derrotó al ejército de la Confederación Argentina al mando de Juan Manuel de Rosas, gobernador de la provincia de Buenos Aires y Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación. Entre los jefes del Ejército Grande se encontraban figuras de importancia de la política argentina, como los futuros presidentes Domingo Faustino Sarmiento y Bartolomé Mitre, emblemas del discurso “civilizatorio”. La derrota rosista permitió que el Partido Unitario encarara desde Buenos Aires la organización de un gobierno liberal y la convocatoria a un congreso para el dictado de la Constitución Nacional de 1853. Me interesa señalar que, a fines del siglo XIX y luego de la llamada “Conquista del Desierto”, campaña militar bajo las órdenes del general Julio Argentino Roca, verdadero genocidio de las comunidades indígenas existentes en territorio argentino, fue posible la apropiación de una enorme cantidad de tierras, una verdadera expansión de la frontera agrícola. Se consolidaban a través de todos estos sucesos las condiciones para el desarrollo del modelo liberal de la generación del ’80.
(11). Evo Morales, presidente de Bolivia, en respuesta a la “Directiva Retorno” de la Unión Europea para los inmigrantes ilegales, junio de 2008
(12). Anónimo, Popol Vuh, en Eduardo Molinari, “Tras los pasos de los Hombres de Maíz”, Edición Weltecho y el autor, 2008, p.8.
(13). http://www.darsecuenta.org.ar/quienes_manifiesto.asp26
(14). Ludovico Bertonio, “Vocabulario de la Lengua Aymara”, 1612.27
(15). Constitución Haitiana, Artículo 14, 1805.
(16). http://www.tuverde.com/2009/06/primer-contador-en-tiempo-real-de-emisiones-de-
gases-de-efecto-invernadero/28
(17). Eduardo Sartelli (Dir.), “Patrones en la ruta”, p.46, Ed.RyR,2008.
(18). Eduardo Sartelli, ob.cit.,p.13-14.30