Politicidad del arte

Politicidad del arte

Por WKTK // 02 de agosto de 2010

El colectivo WKTK invita a participar del debate
de uno de los temas de la expresión contemporánea .


Hace unos meses en WKTK nos propusimos como tarea de elaboración teórica revisar qué se dice cuando se habla de “Arte y Política”, “Arte político”, o cualquier otra categoría que busca presentar lo político afín al arte.


Empezamos releyendo el Manifiesto por un arte revolucionario independiente de Rivera/Trosky/Breton, sospechábamos que algunos de los puntos ahí planteados seguían operando en las discusiones de hoy. Desde esta lectura se inició un debate epistolar que creemos interesante socializar a manera de aporte a una construcción de un pensamiento crítico sobre el arte contemporáneo. Lo que sigue es un breve resumen de esta primera etapa de discusión.


En el intercambio originado  desde la lectura del texto de Rivera/Trosky/Breton se hicieron visibles en términos muy generales dos líneas argumentativas que suelen organizar la discusión respecto a la dimensión política del arte, nos referiremos a ellas como el parangón politicidad del arte/compromiso político del artista (o si se prefiere, accionar social del artista). Para ilustrar estos dos puntos retomaremos los dichos de los integrantes del colectivo. Consideramos que el valor de presentar estas ideas radica en la necesidad de rastrear supuestos y premisas, ya que la discusión que nos proponemos suele oscilar entre estos.

 


Por un lado, miembros del colectivo entendían que la politicidad del arte no residiría en el “objeto obra” sino en una situación. Se decía; “Y en relación a esto creo que lo artístico de la obra opera ya de forma independiente a las consideraciones y filiaciones del artista que la produjo”.  Bastaría para ello confrontar una obra con su devenir en el tiempo.  De aquí el interés en discutir las obras desentendiéndonos de los enunciados del artista productor. Se agregaba que “A partir de elementos que nos son comunes el arte produce ecuaciones distintivas que interpela cuestiona nuestra mirada sobre el mundo”. En otras palabras, este sentido crítico de la obra enfrenta al sujeto con su propia conformación histórico cultural. Lo político de la obra sería ese lugar de excedencia, de desborde de las sujeciones subjetivantes.


Por su parte y en cambio, otros alertaban que bajo el manto de la hegemonía de las industrias culturales se despoja al artista productor de su voz. Consignando la enunciación o categorización de su obra en la voz de los agentes institucionales del campo artístico cultural. De esta manera enunciarse (el enunciado del artista) constituía un hecho político de proclama, si se quiere, sindical. En este sentido se decía; “Creo que a este entramado conviene por cuestiones casi de supervivencia, oponerle gremialmente un discurso y una acción que garantice las condiciones mínimas de dignidad laboral en esa “industria”. Pero no agotaría mi visión en esa perspectiva. Me interesa en verdad la visibilidad del HACER artístico o cultural, y aquí es donde el trabajo de artista no se diferencia de ningún trabajador.” Y podríamos agregar, en tanto trabajo dentro de los márgenes del capital, el objeto arte se presentaría como creatividad objetivada, proclive a su mercantilización,  y opaco a una mirada que pretenda reponer las condiciones de producción, el valor de uso, o la alienación del sujeto productor. Ante esto, el juego político se propondría como extra artístico, algo que se puede encontrar también en las sentencias del manifiesto RTB.

 


Estos dos planteos, en apariencia de ordenes gnoseológicos distintos, creemos podrían encontrar una nueva perspectiva si se resuelve una pregunta también esbozada en la discusión. ¿Cuál es el cuerpo de la obra? Si con esto se quiere decir que la obra es en situación, que ese “trabajo” tiene materia pero también acciona, ¿dónde estaría el límite de dicho cuerpo? ¿Es en su estricta materialidad o será en la mirada de sus espectadores, de los sujetos que conmueve? Si fuese esto último, el artista hacedor de la obra no es el único productor de sentidos, ni siquiera en términos originarios, pero sí conformaría el cuerpo de la obra.

 


Pero en este punto las aguas se dividen. Mientras para algunos la voz del artista es un “vector original” que direcciona la construcción de sentido de la obra; para otros, habría que al menos sospechar de las implicancias de dicha idea, aunque sí se debería reconocer que su mirar - entiéndase el lugar desde donde observa y la mirada que proyecta sobre la obra - también forma parte del cuerpo de la misma. De esta manera se considera que no son inocentes las acciones que el productor realice una vez consumada la obra (obra en el sentido más reducido posible, en tanto objeto material); dónde exponer, qué decir y no decir, etc. etc. condicionan el desplegar político de la Obra/Arte, pero sería ingenuo determinar su politicidad en estas acciones. Si fuese así un montón de producciones simbólicas se entronarían artísticamente sin siquiera conmover mínimamente la mirada expectante. Tampoco se entendería cómo algunas obras enmarcadas dentro del cerrado entramado de las instituciones o la industria cultural logran desplegar con grandeza todo su accionar político. De esto una nueva pregunta surge. ¿No será entonces que preguntarse por la politicidad del arte (en lo concreto por una obra dada), es en gran medida poder dimensionar ese cuerpo?


Estos son algunas de las cuestiones y preguntas surgidas a lo largo de nuestro debate, que por otra parte está en curso y lo abrimos esperando sumar más voces.

Todas las colaboraciones serán publicadas.

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Comentarios

Hugo Alberto Ojeda escribió el 03-sep-2010 a las 12:09
Teniendo presente reflexiones de este debate, en especial algunas de Eduardo Molinari y Gabriel Serulnicoff, escribo esta nota que refleja una intervención urbana realizada anoche en Madrid. http://www.wokitoki.org/wk/543/29-presencias-en-la-puerta-del-sol
araña galponera escribió el 29-ago-2010 a las 16:12
fe de erratas la pagina del encuentro de artepolitica es /www.lacallenuestra.com.ar/
eduardo molinari escribió el 25-ago-2010 a las 13:40

Hola amigos, trataré de compartir mis reflexiones luego de leer las intervenciones de Gabriel Serulnicoff y de Araña Galponera, pues veo en ellas un hilo en común que estaría dado por la necesidad de re-pensar -desde el lenguaje primero, para luego desplegar nuestras prácticas- algunas polaridades que en sus intervenciones se presentan: público-privado, estatal-intereses privados, arte-política.

Me parece interesante dar relieve al hecho de que si bien todos estos términos pueden ser revisados y re-significados para dar mayor vitalidad a nuestras luchas y haceres, hay una palabra que tanto por aquéllos que la asumen como propia como por aquéllos que la consideramos una realidad que debería ser transformada, no deja de tener vigencia: capitalismo. Puedo, sin dudas, adherir a las críticas al Estado cómplice o socio del modelo sojero y minero basado en el saqueo y en la ignorancia de creer que los recursos son "infinitos". Sin embargo me interesa subrayar que son aquéllos que promueven la mayor concentración del capital los que más nerviosos se ponen en los últimos tiempos por la reaparición de "lo estatal", que para mí es distinto de "el gobierno".

Claro, el problema es como dije al principio, cuáles son los contenidos de las palabras "estatal" o "público". En este sentido digo que para mí lo público es lo común, mejor aún, el fruto del habitar y hacer en común un lugar y un tiempo, y no el producto de mecanismos y fórmulas "relacionales". Aunque suene obvio, lo público es lo que no es privado. Encontrar los límites de lo privado es una tarea poco fácil hoy, pues el semiocapitalismo transforma cualquier fragmento de nuestro tiempo y nuestro espacio, de nuestra capacidad creativa, en alimento para sus locales de cultura delivery.

Creo que debemos tener lucidez para crear nuevas formas discursivas, de lenguaje, para hacer presentes en el terreno cultural nuestras prácticas. Debemos prestar atención a la construcción territorial y simbólica que genera idealizar la calle como lo público o lo común, pues la cultura neoliberal también tiene nombres para ello: "arte urbano" o "street art". Quiero decir, no me mal interpreten, creo que las calles serán nuestra si son nuestros también otros espacios que otorgan sentido colectivo y común a nuestras construcciones simbólicas. En Buenos Aires, el CECEBA organizó una intervención de graffiteros en el ex Padelai, en San Telmo, sin hacer ni la menor referencia a la historia de ese edificio como institución de contención social ni tampoco a la expulsión de las familias que allí vivían. La intervención de Gabriel es muy importante, y siendo honesto, debo reconocer que en mis comentarios sobre el aterrizaje de los operadores, gestores y artistas de los 90 en la ExESMA, no hice referencia a la existencia del trabajo de Gabriel en el Ecunhi. Su enfoque allí es totalmente distinto al de la mera ocupación de un ex campo de concentración como espacio de legitimación de prácticas artísticas como paso previo a su ingreso en el mercado del arte. Gabriel desarrolla allí una tarea de construcción -desde mi punto de vista muy valiosa- de arte en contexto, lo cuál tiene estrecha relación con la necesidad que marca Araña Galponera de escribir nuestra historia. Y cuando digo escribir no me refiero meramente a la actividad literaria, sino a retomar la potencia transformadora de nuestras vidas, nuestra propia historicidad. Creo que Gabriel pone ejemplos que para mí no son todos iguales, aunque entiendo su punto de vista. Me gustaría pensar junto a él la politicidad del arte (disparador del intercambio), desde su aporte: podemos pensar la noción de "herramienta artística" en las Madres o en cualquier agrupación política, pero para ello deberíamos pensar si dicho hacer o "trabajo" -que esas herramientas proponen- construye o no espacios en los que lo común no es solo un "lazo relacional", un simulacro de participación. Me parece que las Madres son un ejemplo claro de ruptura de las barreras o fronteras entre política y arte en el sentido de su capacidad de valerse de todas las herramientas necesarias para despertar la politicidad de los espacios y los tiempos, adónde haga falta. En cambio, los casos de Baggio o de Res (distintos para mí de Meireles) se despliegan al interior de la comodidad y confortabilidad de los mecanismos, fórmulas y recetas que la estética relacional pone a su alcance. Las elite sociales del neoliberalismo están gustosas de recibir al "arte y política", un conjunto de prácticas que desde el inicio han sido desactivadas en su potencialidad transformadora, festejando en cambio los "lazos" que sus formas proponen. El punto no sería para mí cocinar, sino qué y para quién se cocina, el punto no es tornar visible el "aura" de los luchadores sociales del pasado o desplegar simulacros de participación temporarios. La última Documenta de Kassel manejó muy bien ese eje, lo instaló como "herramienta": la migración de las formas.

Creo que el desafío está en tener la capacidad (no solo desde el arte) no de reproducir o recrear formas, sino de hacer nuestros sentidos, significados, contenidos, para generar espacios y tiempos en los que podamos junto a otros desplegar vectores de transformación. Ayer pude verificar una vez más la capacidad de los "simuladores" del "arte y política", pues recibí un flyer digital enviado por Roberto Jacoby, sin duda un pope de las estéticas relacionales: el mismo día que se presentaría el informe sobre Papel Prensa, el envía un mail pidiendo "internet gratis", con la consigna !basta de monopolios!, firmándolo "la clase media". Sin duda, una "herramienta artística" muy política, pero... al servicio de quién?. un abrazo. eduardo.

arañagalponera escribió el 23-ago-2010 a las 21:20

aprovecho e invito a el "encuentro de arte/politica LA CALLE ES NUESTRA" que estamos organizando para el 25 y 26 de septiembre en la ciudad de Córdoba.

Estamos trabajando en esto los colectivos La araña Galponera (mendoza), Insurgentes (cordoba) y el area de cultura del FPDS (la Plata)

Creemos que este puede ser un espacio mas de discución y invitamos a quien quiera a participar Dejo la pagina del encuentro http://lacalleesnuestra.site11.com/ el mail de La Araña Galponera galponera@gmail.com y la convocatoria ENCUENTRO de ARTE/POLÍTICA LA CALLE ES NUESTRA Ciudad de CÓRDOBA, 25 y 26 de septiembre. Sobre la disputa de los espacios y la disputa de los sentidos La destrucción, abandono y privatización de los espacios públicos muestra cómo opera el Estado quitándoles el carácter de bien público. Gestionando intereses ahora especulativos y privados reflejados en las políticas de saqueo impune como el desarrollo de la minería y la soja. Políticas que repercuten directamente sobre las condiciones de vida de toda la población del país. El Estado no como regulador de los bienes públicos, sino como gerente-asociado a intereses privados. Esta concepción de Estado se instala a través de una compleja operatoria cultural neoconservadora: por eso discutir la derecha hoy no es sólo discutir un partido político, sino enfrentarse a un complejo entramado cultural que disuelve historia y memoria, que propone una política despolitizadora que se juega en diferentes niveles, sobre todo en el terreno mediático como pretendido espacio público. Sobre el espacio público Invadir el espacio público e intentar acercarnos al entramado de discursos y debates que hacen a nuestra cultura. Vivenciar el espacio público como una construcción colectiva, polémica, un espacio de disputa de sentidos, enfrentando así el intento de instalar un único modo de vivir y pensar el mundo. Nada hay más manifiestamente ideológico como declarar el fin de las ideologías. Imponer a través del discurso publicitario un único sentido muestra que no se trata de la disolución de las ideologías, sino del triunfo de una: la ideología del capitalismo. ¿Por qué tanto esfuerzo invertido en dominar la mirada? Los nuevos y complejos modos de dominio se juegan también en la artillería de imágenes que organizan el modo de comprensión y percepción, estimulando-creando comportamientos autoritarios hoy naturalizados (naturalizado el discurso de la inseguridad, los mecanismos de represión resultan incuestionables). Por eso el campo de la producción simbólica se transforma en un escenario de lucha política, la disputa por el sentido es un campo de batalla, de intervención, de transformación. Por eso proponemos intervenir el espacio público, porque LA CALLE ES NUESTRA. Para qué un Encuentro El arte y la política se juegan en el espacio público, en cada intervención que busca cuestionar el sentido común, volviéndolo extraño, transformándolo. La fragmentación de las disputas artísticas y políticas no es casual, por eso unificarlas es siempre una decisión política que busca construir una propuesta cultural alternativa de alcance nacional.

A través de este Encuentro, buscamos:

• Conformar un espacio de articulación entre los grupos, que favorezca la comunicación mediante la sistematización y socialización de herramientas, técnicas de agitación, conceptos que surgen de pensar la propia práctica.

• Escribir nuestra propia historia, construirla en primera persona, por eso proponemos organizar un archivo, un registro de experiencias para combatir la fragmentación de las mismas y recuperar su sentido político.

• Discutir algunos ejes disparadores que giran en torno a la disputa simbólica: ArTe/PoLíTiCa: cómo se redefinen estos dos campos a través de prácticas que los ponen a jugar sin separarlos. HeGeMoNía/CoNtRaHeGeMoNíA: Repensar nuestra propia práctica frente a contextos y espacios de producción hegemónicos, cómo sostener un lugar de resistencia y de creación de otro modo producir y transformar. RoL SoCiAL dEl ArTe: Qué lugar tiene el arte en una transformación social, de acuerdo a nuestra práctica y a la historización de las que nos precedieron. Como articulamos la producción y la discusión con la sociedad actual.

gabriel serulnicoff escribió el 19-ago-2010 a las 12:10

Herramientas artísticas en agrupaciones políticas

1-¿Recuerdan la obra de Cildo Meireles, Inserciones en circuitos ideológicos? Es un sello de goma sobre papel moneda de 1970-1973.

En años de la dictadura, las Madres de Plaza de Mayo sacaron esta herramienta del Museo y la pusieron en práctica: se juntaban en la puerta de un mercado, escribían consignas en sus billetes y entraban todas juntas a comprar. Esas consignas intentaban dar a conocer lo que estaba sucediendo con sus hijos. Los comerciantes, seguramente por miedo, apenas recibían estos billetes los rompían, rompiendo así la circulación de la información, debido a esto ellas decidieron escribir en billetes de mayor valor que los anteriores para que al comerciante le costara más romperlo, ahora sí los billetes circularían. Una vez le dije a Hebe si me contaba la anécdota y cuando ella terminó le pregunté si conocía a Cildo Meireles… “No, ni idea”- me dijo.

2-Gabriel Baggio, cocina en el MALBA su Picante de pollo (Proceso de aprendizaje), luego saca un libro “En busca del sentido perdido” y lo presenta en PROA. Hebe de Bonafini dicta el taller llamado “Cocinando política”, saca un libro del mismo nombre y lo presenta en el Espacio Cultural Nuestros Hijos, en el predio de la ex-ESMA, (donde también dicta el taller) en el cual va intercambiando con sus alumnos recetas culinarias y políticas. Todavía no le pregunté a Hebe si conoce a Gabriel Baggio.

3- En Acciones Rosarinas, RES pinta una casilla “con motivos geométricos muy al estilo de cierta pintura abstracta de connotaciones modernas” y además “a continuación nos encontramos con una de las casillas, recogida de su ubicación original y montada en el medio de la galería ya ahora con su nuevo diseño”. Misión Sueños Compartidos, uno de los más hermosos proyectos de inclusión social llevados adelante en estos últimos años, por las Madres de Plaza de Mayo. http://www.youtube.com/watch?v=GizOvfnOFWY&feature=related Ya poco importa si las Madres conocen o no a RES.

Donde hubo muerte pongamos vida- Hebe de Bonafini.

El arte es vida, creo que dijo Joseph Beuys.

guillefressoli escribió el 06-ago-2010 a las 14:09

Uff moli super sustanciosa tu intervención se abren muchos puntos desde allí. Me quede pensando igual en relación a lo que decís sobre el 2001 como que se empezaron a visibilizar producciones, que hasta entonces permanecía sin verse, bajo el nombre de “arte y política”. Pienso que tal vez tal escisión no es más que una continuidad de un modo de comprender lo artístico que ya estaba instalado desde antes. Digo veo tan problemática esta categoría como la categoría de arte light. En el caso del “arte y la política” lo político se adhiere como un referente externo que se relaciona con la obra por un tema, y usualmente más que nada creo por un contexto y una posición dentro del campo, estas creo son las misma variables que se utilizan para desplazar lo político de lo artístico en los 90 y de algún modo comparten una misma vocación enceguecedora. Allí me parece reponer un concepto de politicidad que se desarrolla al interior de lo artístico, como su condición es un acto de algún modo de “dar a mirar” nuevamente. Y en ese acto recuperar el disenso tal como lo entiende Ranciere (como un reencuadrar lo visible y lo no visible entre otras cosas).

Pero es un trabajo arduo que todos tenemos por delante, y en sentido este debate me parece fundamental. En relación a la primer postura que el debate postula agregaría que la “situación”, es una situación que incluye la obra en la que interviene el objeto artístico, el contexto en el que se encuentre (siempre se trabaja en relación a ese contexto) y la mirada que lo interpela. La intención de la artista es importante en el desarrollo de la obra, pero lo que después sucede con ella lo excede, no puede regular su sentido. En relación a la segunda postura me parece super interesante como se desglosa una operatoria de la industria cultural y el arte como trabajo fuera del capital que busca ser objetivado. Aún así si bien es cierto es necesario estar atentos a esas operatorias creo, pienso que lo que se objetiva por suerte no es la obra, o de otro modo la obra tiene la potencialidad de exceder siempre a esa objetivación por la misma razón que el artista no regula el sentido de la obra tampoco lo hace la industria cultural. El valor mercancía de la obra no puede agotar, ni controlar la vitalidad de las distintas situaciones que una obra puede generar.

Bueno creo que estoy repitiendo cosas que están dichas arriba, para cerrar y en relación al ejemplo que moli da sobre el campo artístico local, pienso que justamente eso que él llama invisibilizar tiene que ver con anular en cuerpo de la obra tal como parece comenzar a esbozarse en la discusión. Algo que es constitutivo del campo local entonces y ahora y en ese sentido el trabajo para reponer la politicidad tal como estamos intentando definirla es un terrible trabajo sobre la propia mirada en relación a la consideración de lo artístico (su materialidad, sus procedimientos, contextos y situaciones de mirada en la que interviene y cómo se relaciona con ella).

Un pequeña intervención sobre lo que comentas sobre la ESMA que también me parece terrible, estuve hace poco releyendo el librito del Calveiro “Poder y desaparición”. Ella, entre miles de cosas que dice allí, habla de los campos como una maquinaria de deshumanización que sería lo contrario a la subjetivación que menciona Ranciere, y relata los procedimientos mediantes los que esas deshumanización se llevo a cabo: el enceguecimiento, la coartación de la movilidad, la imposibilidad de hablar, la imposibilidad de relacionarse con otro, el anulación total de la voluntad incluso cuando esa voluntad fuera la de la propia muerte. Una vez que el estado recupero esos espacios se abre el terrible problema de qué hacer con ellos, cómo mirar esos lugares. Me parece que ahí hay un problema muy grande porque lo que más da cuenta de ese terrible trabajo sobre el cuerpo que se desarrollo en esos lugares es el vació de esos espacios, la posibles marcas y texturas en su arquitectura, la naturaleza que parece no ser tal (pienso en la foto que incluiste en los niños de la soja sobre la ESMA). Llenarlos, creo, sin tener en cuenta este gran horizonte singular, a partir de una convocatoria como las que funciona en cualquier otro espacio del campo artístico, otra vez tiene que ver con una voluntad de no ver, o una imposibilidad de ver que quizás prevalece como un devastador efecto de la dictadura. Todo esto es algo que me parece un problema tremendo y por supuesto no tengo respuestas para tal cosa….

archivo caminante escribió el 04-ago-2010 a las 19:04
Estimados amigos de Wokitoki, es muy interesante construir espacios para pensar junto a otros, teniendo en claro que no se trataría -desde mi perspectiva- de una búsqueda de consensos, sino, por el contrario, tratando de hacer presente el espíritu creativo y la deriva de las potencias políticas del 2001, construir espacios de imaginación y pensamiento en el que se pueda poner en evidencia el disenso.El sistema de arte contemporáneo argentino (cuyos "cimientos" más recientes podríamos localizar en el circuito noventista Rojas-ICI-Ruth Benzacar-Taller Barracas, para dar forma casi de inmediato a las Becas Kuitca y a los proyectos ligados a la Fundación Start) recibió un fuerte cimbronazo al atravesar el umbral del 2001. Muchas experiencias y prácticas artísticas hasta entonces ninguneadas (tanto conceptualmente como a la hora de la distribución de los pocos recursos económicos que existían en aquélla década), no solo se hicieron "visibles", sino que pusieron sobre la mesa de las políticas culturales un nuevo conjunto de ideas y de argumentos.Deglutir este sapo no resultó una tarea fácil para la élite social que controla el imaginario cultural argentino (especialmente en las artes visuales). Para esta élite y sus intereses políticos y económicos, dar respuesta requirió de un esfuerzo, sobre todo en cuanto al modo de conceptualizar estas prácticas e imágenes. Con la ayuda de los intelectuales ligados a los experimentos hegemónicos de los 90 y la cooptación (o el nuevo ninguneo, esta vez con los teóricos) de los jóvenes que estaban pensando en otras direcciones,esta élite social siempre tuvo y continúa teniendo como parte de su estrategia de construcción hegemónica la "ocupación" y agenciamiento de los espacios e instituciones públicas ligadas a la cultura: el Fondo Nacional de las Artes, la Secretaría de Cultura de la Nación, la Dirección de Museos, la Dirección de Patrimonio, la enseñanza artística pública.Ocupar y agenciar estos espacios -obviamente- no quiere decir dotarlos de más presupuesto ni de pensarlos de modo descentralizado, federal, regional,ni mucho menos como herramientas emancipatorias, al servicio de una cultura para todo el pueblo.La respuesta desde aquél momento fue la creación de una nueva etiqueta: "Arte y Política". Algunas teóricas como Ana Longoni o Andrea Giunta, pero también Valeria González o Rodrigo Alonso, llegaron a utilizar neologismos como "artivismo" o "arte activista". Lo cierto es que con esa etiqueta se fue normalizando poco a poco lo que sería la nueva etapa de nuestro pretencioso sistema de arte contemporáneo, y fue esta categoría la que hasta la fecha permite que se perpetúe una configuración jerárquizante de la cultura,en la que existen críticos, teóricos, curadores, gestores, instituciones, que podrían definir qué práctica es política y cuál no.Al interior del colectivo wokitoki nos interesa construir una plataforma de debate de las políticas culturales, de las prácticas artísticas. Como parte de ese debate surgió la noción de "politicidad del arte". Personalmente, creo que lo más vitalmente político del arte, pero también de todo hacer que se proponga desplegar su propia "politicidad", consiste en su capacidad de ruptura de esa estructura jeráquica que el semiocapitalismo propone, en su capacidad de apertura y presentación de los disensos, de los desacuerdos, como una condición básica necesaria para la imaginación y la creación. De lo contrario, reproduciremos lo que ya ocurrió recientemente: mientras la élite social argentina concentra capital y poder, mientras se pretende retomar el modelo social y económico saqueador y excluyente, los artistas nos regodearemos en un clima de "estéticas relacionales" (construcción de lazos entre sujetos, importando más los lazos que los sujetos), "tecnologías de la amistad" (importando más las redes de "amigos" que los contenidos de las redes y de la amistad), y ahora en su versión aggiornada, enfocaremos nuestra atención sobre la "formación artística" como en el caso de los proyectos privados (siempre agenciando dineros estatales) de la CIA, la Beca Kuitca en la Di Tella, la Escuela Belleza y Felicidad, el LIPAC.Dejo para una segunda intervención una situación paradigmática de esta política cultural que en los 90 se basó en el simulacro, la parodia y la ironía y que ahora intenta arrogarse la capacidad de administrar la politicidad del arte. Esta situación es la que surge del acercamiento del arte a la política de derechos humanos imperante desde el 2003. La utilización de un campo de concentración como la ESMA para el aterrizaje de gestores y operadores culturales y artistas emblemáticos de la hegemonía de los 90, genera un poco de estupor. ¿Es posible que nuestra clase dominante no tenga escrúpulos a la hora de hacer negocios, incluso los culturales? ¿Podríamos hablar de la existencia de una cultura transgénica, funcional al modelo hegemónico de la soja transgénica y la minería a cielo abierto, que utiliza como principal operación estética ya no la parodia y el simulacro, sino la recombinación de signos y símbolos sin importar un comino los significados y los sentidos del arte? Hacerme estas preguntas me lleva a una respuesta inquietante: por supuesto que existe la politicidad del arte, que no tienen nada que ver con arte "y" política, pero... esta potente dimensión existe de modo concomitante a otra: la responsabilidad del artista. Estas palabras son un conjunto de ideas y reflexiones que surgen al calor del diálogo y debate junto a wokitoki, y habiendo terminado de leer un mail de invitación del LIPACa un encuentro la próxima semana, para pensar "consideraciones sobre lo público". un abrazo,eduardo molinari

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